TESTIMONIO DESDE EL CORAZON

Alberto Romegialli.
Fátima, Portugal


 

Aquí a los pies de María, cada día le muestro mi cruz que me ayude a llevarla - paciente y humildemente, con lucidez, sabiduría y tanta generosidad a pesar de mis mezquindades.

Cada uno tome su cruz, mi carga es ligera, mi yugo liviano... sí Jesús, contigo es así, tan simple pero tan difícil. Cristo no nos quiere perfectos, pero sí cotidianamente luchadores por la perfección. Detesta a los cátaros de siempre, me quiere así -en el fragor de la batalla, y perseverante. porque sólo así, dentro de su Iglesia y con Pedro. Mas, con poco comprender, amar... o tal vez, aprender a amar. No!! pero antes: dejarme amar - dejarnos amar por él hasta crujir como leño seco para que penetre el fuego y tornarnos ascuas de amor del mismo fuego de Cristo... Qué cruz esta noche Dios... Todo está frío, nadie responde... silencio del espíritu... la materia gris de los dioses del Olimpo me ignora... y acusaciones infundadas de otros, condenados por los puros y los menos santos... y también amado por almas generosas que tanto reconfortan y nada piden, sólo ejercen testimonio por amor a Dios.

Que esta cruz -mi Cristo- sea una vera liturgia de obediencia, y así manifieste la unidad entre el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo, como tú en el gólgota. Oh María, que en silencio todo lo guardabas, ves a esta joya redimida por tu hijo... es un varón que lucha por ser santo, es pecador, siempre atormentado por la carne y la inteligencia. Pero tú - primer sagrario - ayúdame; pueda yo llevar al Cristo como tú y ser epifanía. Cual a Eduardo, que perdonó y usó de misericordia... de él y de ellos -anónimos de tantas religiones y sociedades- es el Reino. En fin, toda realidad cristiana.

Se edifica sobre la flaqueza humana!. La comunidad ideal, perfecta, aún no existe. La perfecta comunión de los santos es meta que solo se alcanza en la Jerusalén celeste - excelsa! y allí no habrá homosexuales ni ladrones ni perfectos; nos seremos en ti -mi
Dios- y tú en nosotros, radiantes en la Ssma. Trinidad! Por los castos, los que aman, los que perdonan, los que dan sus vidas por el prójimo y mejor aún, por amor a Jesús, te doy mi cruz, con humildad, alegría y santo temor.

Por los que hacen mal, hieren y destruyen, dono mis inexprimibles gemidos de dolor. El atleta venció la olimpíada, tenía dos piernas, yo una y ando perdiendo... pero estoy jugando el talento que me has donado, el más bello: fe-esperanza y caridad. Gracias Jesús por amarme tanto, amar a todos los homosexuales, sean más buenos o menos. Gracias por haberme redimido, ser cristiano, conservado hasta hoy y también por la cruz. Porque tú eres la perla que encontré. Gracias infinitas por haberme creado, por la generosidad de mis padres, la luz de la aurora, y los que te adoran en silencio...

Soy medio rosarino, también homosexual, o, mejor dicho: la oveja por la que el Cristo no descansa hasta que yo no sea mecido en sus brazos, eternamente. Así sea.

Alberto Romegiall. Fátima. Portugal

 

Nota del WebMaster: Este testimonio llegó a nuestro correo para ser publicado, sin censura ni modificaciones, en esta sección como una opinión libre y personal de quien firma... Roberto Carlos Ayala. La publicación de tal testimonio no implica compartir totalmente este pensamiento por parte de los Jóvenes de Acción Católica. Obviamente queda abierta la inquietud para publicar TU propio testimonio sobre este tema.

 

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