MANO-A-MANO EN BALTIMORE:

PACO CÉSPEDES y MARIO CARRIÓN

Por Mario Carrión


El cuatro de enero del año 1959, en la puerta de cuadrilla de la Plaza de Toros de Guayaquil, Ecuador, dos toreros, uno peruano y otro español, se saludaban sombríamente con el clásico saludo "que Dios reparta suerte".
Durante la corrida pocas más palabras se cruzaron entre ellos, ya que la preocupación por el peligro que se corre y por la responsabilidad de satisfacer al público no provee el momento más apropiado para charlotear. 

Aunque en la plaza existe entre los profesionales una comunión de hermandad, por la cual uno es capaz de exponer su vida para salvar la del compañero, no es raro que al concluir la corrida este lazo se desuna y cada uno siga por diferentes caminos en busca de gloria y dinero. 

Cartel: Enero 1959

Este hubiera sido el caso del matador peruano Paco Céspedes y el mío, si el destino no hubiera dirigido caprichosamente nuestras vidas hacia Baltimore en donde nos volvimos a ver en otro cuatro de enero pero treinta y seis años después en el 1991. 
Entonces Paco venía a pasar unos días con sus hijos Pepe,Teresa y Martín, y aquí encontró a este antiguo compañero. Pronto establecimos una entrañable amistad, generada por su hijo Pepe, uno de mis mejores amigos en Maryland

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Mario, Jim Toland y Paco
Baltimore, Enero 1991

Hace unos días (Abril 1998) éste matador, ya retirado desde hace años, visitó nuestra área para de nuevo estar por unos días con sus familiares. Aprovechamos para reunirnos en varias ocasiones para recordar y añorar sucesos de nuestro pasado en el mundo del toreo. Le sugerí vernos antes de él partir para México, y dialogar sobre el toreo en el Perú y el papel que él desarrolla en ello. Esta vez nuestro mano-a-mano, en presencia de su hijo Pepe, tenía lugar en un medio ambiente ---el Restaurante Crews' Quarters--- que invitaba al dialogo, pues ni Paco ni yo temíamos que las deliciosas tapas del Chef José Antonio nos dieran 'una corná', como nos pudiera haber dado uno de aquellos toros en Guayaquil. .

Coloquio: ¿Qué te trae de nuevo por Baltimore?
Paco Céspedes: Estaba en México por motivos taurinos y aproveché para darme un paseo por aquí para visitar a mis hijos y nietos. 

C: ¡Como! ¡A tu edad en los ruedos de nuevo! 
P.C.: Ni pensarlo. Resulta que a mi hijo Paquito, el más pequeño, se le ha ocurrido ser torero y ha sido elegido para representar al Perú en una feria internacional de novilleros a realizarse en México, España y Francia. Jóvenes españoles, mexicanos, franceses portugueses y sudamericanos, aspirantes a ser toreros competirán en diferentes países con la esperanza de ser las figuras del nuevo milenio. 

C.: Entonces, parece que has pasado los genes toreros a tu hijo. Te envidio y compadezco a la vez. Pues es bonito recrear esa vida excitante a través de un hijo. Pero a la vez no tendrá comparación el miedo que debes pasar al ver tu hijo en el ruedo con el miedo que nosotros pasamos toreando. ¿Qué siente un padre con el hijo en el ruedo?
P.C.: Mario, no te lo puedes figurar. Se te parte el corazón. Al principio te opones a sus deseos de que siga tus pasos. Luego al ver la determinación y la afición de mi Paquito, no puedo negarle el enseñarle lo que sé... pues si no lo hago va a intentar ser torero de todas maneras. Ahora es un calvario, pues detrás de la barrera sufro más que si yo estuviera delante del toro. Me siento impotente, solo pido en esos momentos que la suerte lo acompañe y sea capaz de ejecutar lo aprendido. Con mis otros chicos que son profesionales graduados de universidad, la cosa es más fácil. Por un lado uno desea que Paquito triunfe más que el padre en los ruedos, y por otro uno espera que se desilusione y siga estudiando como hicieron sus hermanos. 

C.: Oyéndote me alegro que mis hijos 'torearon' los libros y no los toros. Es de conocimiento general entre los hispanos que el toreo es la fiesta nacional de España y parte de patrimonio cultural mexicano, pero no es tan conocido la gran importancia y tradición de la tauromaquia en el Perú. Dinos algo sobre esto.
P.C.: Para empezar la "Plaza de Toros del Acho" en Lima, es la tercera más antigua del mundo y después de "las Ventas" de Madrid, "la Maestranza" de Sevilla y "la México" de la Ciudad de México se la considera como la de más prestigio e historia. Las corridas de la Feria del Señor de los Milagros de Lima son las de mas solera de América del Sur, y el trofeo que lleva el mismo nombre, que se concede al matador triunfador de la serie, es el galardón de mas importancia en el continente americano. En el territorio nacional se dan unas cincuenta corridas anualmente y numerosos espectáculos de carácter taurinos que forman parte integral de las fiestas pueblerinas. Además de la del "Acho", hay plazas de toros en Trujillo, Chota, Arequipa, Huancayo, Cajamarca, San Marcos, Chiclayo, de donde yo soy, y varias más. 

C.: No es de extrañar esta relevancia de la fiesta taurina en tu país, ya que la tradición dice que la primera corrida se celebró a los pocos años de fundarse Lima en 1540 en la cual participaron el mismo Francisco Pizarro y su hermano Fernando. ¿Qué me dices de los toreros y las ganaderías bravas peruanas.
P.C: Ha habido muchos buenos toreros nacionales de fama local y varios que han triunfado fuera del Perú, entre ellos Raúl Ochoa "Rovira", Alejandro Montani, Rafael Santa Cruz, Pablo Salas, Freddy Villafuerte y últimamente Rafael Castañeta, quien en la ultima feria ganó el "El Escapulario del Señor de los Milagros". Las ganaderías las hay muy buenas pero últimamente por diferentes razones están pasando una época difícil...pero volverán a tener la fama que tenían, ya que la simiente es brava. 

C.: Esperamos que sea tu hijo la próxima estrella peruana. Paco, al final del año que toreamos en Guayaquil yo me 'rajé' y solo he toreado en tentaderos, pero tu seguiste en los ruedos por muchos años más, ¿cuántos años estuviste en activo y cuando toreaste tu última corrida?
P.C: Debuté en Lima a los veintitrés años como novillero en 1947, tomé la alternativa en 1951 en La Paz, cuando en Bolivia se daban corridas, y me retiré en Lima en setiembre de 1984. Mas de treinta años en los ruedos. Luego no he dejado el mundo de los toros, ya que sigo envuelto con asuntos de negocios taurinos y ahora dirijo la carrera artística de mi hijo. 

C.: Eso si que es perseverancia. Pero se te olvida decirme que ya con tus setenta años, en 1995, como cualquier jovenzuelo, toreaste triunfalmente un festival en Lima. Antes de concluir, dime que hay de cierto en lo que leí con respecto a que se rumoreaba que el presidente Fujimori iba a prohibir o modificar la práctica del toreo en el Perú.
P.C.: Mira, hace unos años el presidente Juan Velazco intentó suspender la Feria del Señor de los Milagros y todo el país se le echó encima. Hubo protestas y se promulgó oficialmente "La Ley Taurina del Perú" que aseguraba la continuación de las corridas. No, Fujimori no va a tomar una acción sin respaldo popular y que satisfacería a solo a una diminuta minoría encuadrada en organizaciones que dicen proteger a los animales, sin darse cuenta que si las corridas se terminaran los toros bravos desaparecerían. La fiesta de toros está muy arraigada en mi país formando parte de nuestra tradición ¡nadie la va a eliminar! 

C.: Paco, te agradezco la información que has compartido con nosotros sobre un aspecto de la vida peruana, que los aficionados bien conocen, pero que los no adentrados en la materia quizás desconocían. Deseamos que tu hijo Paquito triunfe para que se convierta en "el Sol del Perú taurino'. Suerte a ambos.
P.C.: Mario, permítame despedirme de tus lectores y decir que lo que he visto de este Maryland es precioso y su gente ha sido amabilísima conmigo.
Gracias y hasta la próxima.


(Entrevista publicada en COLOQUIO.REVISTA CULTURAL HISPANA. Baltimore, abril1998)

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