Este hubiera sido el caso del matador peruano Paco Céspedes y el
mío, si el destino no hubiera dirigido caprichosamente nuestras
vidas hacia Baltimore en donde nos volvimos a ver en otro cuatro de enero
pero treinta y seis años después en el 1991.
Entonces Paco venía a pasar unos días con sus hijos Pepe,Teresa
y Martín, y aquí encontró a este antiguo compañero.
Pronto establecimos una entrañable amistad, generada por su hijo
Pepe, uno de mis mejores amigos en Maryland. | 
Mario, Jim Toland y Paco Baltimore, Enero 1991 |