SAN AGUSTIN
354 - 430

        San Agustín, llamado comúnmente como Agustín de Hipona, nació el 13 de noviembre del año 354, en Tagaste, la actual Souk-Ahras, no lejos de la ciudad episcopal de Hipona, situada en Argelia. Cuando él nació, Tagaste pertenecía a la provincia de Numidia.

        El era de raza berebere, pero era ciudadano romano y hablaba lengua latina.

        Sus padres eran ciudadanos de buena posición, aunque no muy ricos. Patricio, hombre de genio violento, y pagano, el cual, bajo la influencia de su cristiana esposa,la santa Mónica, aprendió la paciencia y la humildad y fue bautizado poco antes de morir. De esta unión nacieron tres hijos: Agustín, otro hijo varón llamado Navigio y una hija, Perpetua, que había de ser abadesa.

        La juventud y vida adulta de San Agustín, incluyendo su conversión y la muerte de su madre, están ampliamente descritas en su autobiografía "Confesiones", libro escrito según nos dice, para "la gente curiosa de saber la vida de los demás, pero que no se cuidan de enmendar la suya".

        Desde pequeño, Agustín, dio muestras de una inteligencia excepcional. A los doce años fue enviado a una escuela de gramática en Madaura, la actual Mdaourouch, para proseguir sus estudios.

        A la edad de 16 años, Agustín regresa a Tagaste, en donde pronto cayó en malas compañías. Patricio murió para ese entonces y un hombre rico de la ciudad pagó los gastos para que Agustín estudiase en la gran ciudad de Cartago. Aplicándose ahora vehementemente, el joven pronto alcanzó hasta ocupar el primer lugar en la escuela de retórica. Su mente era despierta y se desarrollaba con rapidez; pero, posteriormente, escribe que los motivos que le impulsaban a estudiar eran los poco valederos de la ambición y la vanidad. En Cartago trabó relaciones con una mujer a la cual mantuvo a su lado durante más de treinta años. Antes de tener veinte años ya era padre de un niño al cual llamó Adeodatus, nombre que significa dado por Dios.

        Durante nueve años dirigió escuelas de retórica y de gramática en Tagaste y en Cartago. En el año 383 Agustín se marchó a Roma con su pequeña familia, haciéndolo en secreto por miedo a que su madre quisiera impedírselo o acompañarlo. Una vez en Roma abrió una escuela de retórica, pero dicha escuela no tuvo éxito financiero. Sucedió entonces que Symmachus, prefecto de Roma, recibió órdenes de la capital imperial de Milán para que enviase allá un maestro de retórica. Agustín se presentó como aspirante al cargo y, dando pruebas de su competencia, pudo obtenerlo. Mónica viajó hasta Milán, pues todavía no había abandonado las esperanzas de ver a su hijo convertido en cristiano. Además deseaba casarlo debidamente con una muchacha de su edad. Logró persuadirlo para que enviase a la madre de Adeodatus al África, en donde, según se cree, entró en un convento.

        Cierto día un cristiano africano llamado Ponticiano, vino a visitar a Agustín y a su amigo Alipius. Aprovechó la ocasión para hablar de la Vida de San Antonio y quedó asombrado al comprobar que los jóvenes ni siquiera conocían el nombre de Antonio. Ávidamente escucharon la historia de aquella santa vida. La visita afectó mucho a Agustín; sus debilidades y vacilaciones le fueron reveladas. Cuando Ponticiano se marchó, Agustín se volvió hacia Alipius con estas palabras: "¿Cómo dejamos que los que nada saben se encaminen y consigan el Cielo por la fuerza, mientras nosotros, con toda nuestra ciencia, languidecemos atrás, cobardes e insensibles, encenagándonos en nuestros pecados? ¿Porque nos han sobrepujado y han caminado antes que nosotros sentiremos vergüenza de seguirlos? ¿No es más vergonzoso dejar de seguirlos?" Agustín salió al jardín, seguido de Alipius, y se sentaron a cierta distancia de la casa. El primero sentía la agonía de su conflicto, entre el requerimiento del Espíritu Santo que le instaba a la castidad y el recuerdo seductor de sus pecados. Adentrándose solo por el jardín, se acostó bajo una higuera, sollozando "¿Hasta cuándo, Señor? ¿Estarás enojado para siempre? ¡No te acuerdes de mi pasada iniquidad!" Y mientras yacía allí, desesperado, oyó de repente una voz infantil que repetía: "Tolle, lege. Tolle, lege" (¡Toma, lee! ¡Toma, lee!) Se quedó pensando si habría algún juego en el cual los niños dijeran esas palabras, pero no pudo recordar haberlo oído nunca. Interpretando la voz como de origen divino, Agustín volvió donde Alipius se hallaba sentado, abrió las Epístolas de San Pablo a la ventura y fijó los ojos sobre estas palabras: "No en embriaguez ni borrachera, no en libertinaje ni en lascivia, no en disputa ni en envidias. Sino puesto en el Señor Jesucristo y, en cuanto a la carne, no toméis en cuenta su concupiscencia." Agustín tuvo inmediatamente una sensación de alivio, como si su larga lucha hubiera terminado. Señaló aquel pasaje a Alipius, quién siguió leyendo: "Pero aquél que sea débil en la fe recibid sin disputar sobre opiniones." Entonces ambos fueron a relatar lo acontecido a Mónica, la cual se regocijó y alabó a Dios. La conversión de San Agustín ocurrió durante el mes de septiembre del año 386, cuando Agustín contaba 32 años.

        Abandonó su escuela y se retiró para pasar el invierno en una casa de campo cerca de Milán, que un amigo le había dejado. Mónica, Navigius, Adeodatus, Alipius, dos primos y varios amigos estaban con él. Agustín se dedicó a la oración, estudio y conversación. Luchó por lograr el control de sus pasiones y para prepararse para una vida nueva. De las discusiones diarias con sus compañeros sacó las ideas para los tres Diálogos que escribió en esa época: Contra los académicos, De la vida feliz y Sobre el orden.

        De vuelta a Milán, Agustín fue bautizado por el obispo Ambrosio en la vigilia de la Pascua del año 387, junto con Alipius y Adeodatus. Decidido a volver a establecerse en África, viajó hasta el puerto de Ostia, acompañado de su madre, hermano, hijo y amigo. Mónica enfermó en Ostia y pronto murió. Luego marchó a Roma para hablar públicamente contra el maniqueísmo y un año transcurrió antes de que se embarcase para África. Fue durante ese período cuando Agustín escribió sus dos libros inacabados de los Soliloquios. En Tagaste se estableció con algunos amigos en su vieja casa y allí se quedó durante cerca de tres años. Pronto su vida volvió a ensombrecerse por la muerte de Adeodatus, brillante muchacho de 17 años.

        En el año 391 se encontraba en la ciudad de Hipona, cuyo obispo, Valerius, había hablado al pueblo acerca de su necesidad de un sacerdote que le ayudase. De modo que cuando Agustín entró en la iglesia la congregación se abalanzó sobre Valerius, urgiendo al obispo para que lo ordenara sacerdote. Agustín accedió y fue ordenado.

        En el año 395, Agustín fue consagrado obispo y coadjutor de Valerius y, poco después de la muerte de éste, le sucedió. Durante su obispado fundó una comunidad de mujeres religiosas de la cual fue abadesa su hermana Perpetua.

        Durante sus 35 años como obispo de Hipona, Agustín defendió constantemente la fe contra las herejías o el paganismo. En el año 404 discutió públicamente con un famoso jefe maniqueo llamado Félix. El debate terminó de modo dramático cuando Félix confesó la fe católica y pronunció el anatema sobre Manes y sus blasfemias.

        La vecina ciudad de Madaura, en donde Agustín había ido a la escuela, fue colonizada principalmente por veteranos romanos, muchos de los cuales eran paganos, y Agustín se ganó sus voluntades rindiéndoles importantes servicios públicos. Muchos de ellos se hicieron cristianos. Cuando en el año 410 Roma fue tomada y saqueada por Alarico el Godo, hubo una nueva erupción en contra de los cristianos, ya que los paganos decían que todas las calamidades que caían sobre la ciudad se debían a que los antiguos dioses habían sido olvidados. En parte para contestar a estas acusaciones, Agustín comenzó en el año 413 su mayor libro: La Ciudad de Dios, examen de la historia humana y justificación de la filosofía cristiana. Esta obra no se terminó sino hasta el año 426.

        Los últimos años de San Agustín vivieron el remolino que ocasionó la invasión vándala del norte de África. El conde Bonifacio, antiguo general imperial de África, había incitado a Genserico, rey de los vándalos, para que invadiese las ricas provincias africanas. Los vándalos desembarcaron en África en el mes de mayo del año 428 y todos los relatos de la época hablan del terror y la desolación que cundieron con su avance. Ciudades florecientes quedaron en ruinas, las casa de campo fueron saqueadas y los habitantes asesinados o bien capturados como esclavos o huyeron a la desbandada. En las iglesias cesó el culto, ya que la mayoría de ellas fue incendiada. La mayor parte del clero que escapó de la muerte fue despojado y reducido a vivir de caridad. De todas las iglesias que existían en el Norte de África apenas si quedaron más que las de Cartago, Hipona y Cirta, ciudades que eran demasiado fuertes para que los vándalos las acometieran al principio.

        A fines del mes de mayo de 430 los vándalos se presentaron delante de Hipona, la ciudad más fortificada de la región, y establecieron un sitio que duró 14 meses. Aquel primer verano Agustín cayó enfermo con fiebre y supo que aquella enfermedad sería fatal. Su mente fue lúcida hasta el final y el 28 de agosto del año 430, a la edad de 76 años, San Agustín muere, después de 40 años en servicio de la iglesia.

Para más información sobre la vida de San Agustín vea: "Confesiones" de San Agustín, "Agustín, Nuestro Hermano" de José Oroz Reta y "Vidas de Santos" de Ediciones Grijalbo.

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