En los últimos 15 años se ha venido produciendo un fenómeno a escala mundial que anteriormente no se había percibido en su magnitud real o era opacado por la confrontación Este-Oeste. Se trata de los procesos de integración económica, y en algunos casos hasta política, entre países que comparten cierto ámbito geográfico y que tradicionalmente realizan transacciones comerciales de relativa importancia. La integración económica, según Bela Balassa, es el conjunto de:
medidas dirigidas a abolir la discriminación entre unidades económicas pertenecientes a diferentes naciones (...) la integración viene a caracterizarse por la ausencia de varias formas de discriminación entre economías nacionales. Aunque los procesos de integración, en sus diversas etapas, vienen ocurriendo desde el término de la Segunda Guerra Mundial, como es el caso de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA) fundada en 1954 y el BENELUX en Europa o la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio en América Latina, no es sino hasta la decenio pasado hasta nuestros días que estos comenzaron a llamar poderosamente la atención de los investigadores de la realidad internacional a la hora de tratar de explicar la reconfiguración del orden mundial luego del fin de la Guerra Fría. Se trata de percibir la importancia de estos procesos a la hora de la reorganización luego del fin del conflicto este-Oeste que había perneado y determinado las relaciones internacionales desde el fin de la guerra fría. Se interpreta ahora de una manera distinta los intentos integracionistas entre los países. Los tiempos han cambiado y el contenido de estos procesos de integración, su razón de ser, se ha modificado totalmente, o al menos eso es lo que se percibe. La integración Europea no se ve, como durante la Guerra Fría, como la alianza europea para recuperar la estabilidad económica y política en la región frente al modelo de desarrollo antagónico de los países socialistas; en ese tiempo la integración fortalecía a los países involucrados y al mismo tiempo a la alianza occidental. En cambio ahora, los procesos de integración son vistos más bien como el resquebrajamiento de este bloque occidental en el proceso de formación de un mundo con distintos centros de poder económico y político. Y de todo estos procesos no podrían estar excluida la economía más grande del mundo, EE.UU. En este apartado se presenta brevemente la forma en que este país se ha enfrentado a estos proceso de integraciones regionales. Se parte principalmente de la revisión de los vínculos económicos que tenderían hacia la formación de estos bloques además de que se intentan ver los intereses de cada uno de estos países a la hora de establecer vínculos mucho más estrechos con otros países. La idea es que Gran Potencia utiliza a la integración como una forma de resolver sus problemas. Para iniciar de lleno en el tema es necesario precisar las distintas etapas de integración que siguen las economías de los países. Es obvio que el proceso europeo es muy distinto al que se lleva a cabo por ejemplo en el NAFTA. Existen etapas de integración , las cuales son:
Tanto México como EE.UU. han establecido una serie de convenios y acuerdos para establecer zonas de libre comercio principalmente, incorporándose por este sólo hecho a procesos de integración, uno más elaborados y ambiciosos que otros pero que a fin de cuentan están inmerso en este proceso de formación de bloques regionales. Sin embargo cada una de estas naciones parte de intereses y necesidades distintas, que no solo son diferentes sino hasta antagónicas, lo que dificulta aún más la relación. La incorporación a los distintos procesos de integración responden a las necesidades y condición de cada uno de estos países. El valor de los procesos de integración para EE.UU. es distinto que el que México le concede. Esto debido a las distintas realidades que cada uno de estos países presenta. Hablamos por un lado de la potencia hegemónica en aparente declive y un nación subdesarrollada en busca del camino hacia el desarrollo. La manera en que los procesos y estrategias de integración se incorporan a su política es distinta. Pero ambas inserciones al proceso de regionalización, a fin de cuentas, son acciones encaminadas a resolver sus propios problemas. EE.UU. inicia sus proyectos de integración a partir de que reconoce su debilidad en los asuntos internacionales, la pérdida de su influencia en el mundo occidental, mucho antes del fin de la Guerra Fría. El ejemplo típico es el callejón sin salida al que llegaron las rondas de negociaciones del GATT ante la clara oposición europea o japonesa a las iniciativas norteamericanas, como en el caso del comercio de productos agrícolas, subsidios, dumping, etc. EE.UU. era incapaz ya de moldear la estructura del comercio internacional de acuerdo a sus intereses. La incapacidad de EE.UU. para conducir las negociaciones a su modo y la propia incapacidad de Europa o japón para llegar a un acuerdo, estancaron las negociaciones multilaterales de comercio. Los acuerdo en aras de una mayor liberalización comercial era prácticamente imposibles si se planteaban a nivel multilateral, es cuando se habla de la crisis del multilateralismo clásico. Esta crisis se tradujo en el recrudecimiento de las políticas proteccionistas y el surgimiento de negociaciones bilaterales, entre un número menor de países, para fomentar la liberalización comercial entre ellos; otorgándose mutuamente ventajas al ingreso de sus productos amparados en el artículo XXIV del GATT, que permite la formación de bloques regionales siempre y cuando no eleven sus tarifas arancelarias a terceros, esto es que se mantengan los mismos niveles de proteccionismo para los no-miembros. Esto se conjunta con la pérdida de competitividad de la economía norteamericana en algunos sectores frente Japón y Europa. Esta pérdida de competitividad se tradujo en la pérdida de mercados, incluyendo al interno, para las mercancías norteamericanas que eran sustituídas por la competencia del japón y Europa o de los países maquiladores del Sureste Asiático. El resultado de esta pérdida de mercados fue el surgimiento de un déficit comercial que afectó aún más la economía norteamerican; esto porque fomentó el alza en las tasas de interés norteamericanas y la consecuente inflación. Ante la necesidad de asegurar mercados para sus productos, EE.UU. inició una política de acuerdos bilaterales. El primero de ellos fue con Canadá, el Autopac, y que precisamente era relativo a uno de los sectores productivos más afectados por la competencia Japonesa: el sector automotriz. Este fue el primer avance norteamericano en pro de la integración a nivel regional. El siguiente paso fue la creación de una cuerdo de libre comercio con Israel, motivado más por razones políticas, apuntalar al régimen de Jerusalem, que económicas. Pero la piedra angular en las iniciativas norteamericanas por la integración es sin duda alguna el ALCA y el NAFTA de 1994. La creación del NAFTA y la proyección del ALCA ocurren en plena crisis del sistema multilateral. Luego de casi 8 años de negociaciones en la Ronda Uruguay del GATT eran más las incertidumbres que los hechos en pro de la liberalización comercial. Otro de los problemas presentes fue la institucionalización en aras de una mayor integración en Europa con la firma de los tratados de Maastricht en 1991 que establecían el proceso para la integración total europea. La amenaza consitía en un posible resurgimiento del proteccionismo entre las principales potencias económicas, al miedo de perder mercados. La forma segura de asegurarlos era estableciendo vínculos institucionales con países periféricos que permitieran la autoarquía de la economía norteamericana ante un posible aislacionismo. Al mismo tiempo se buscaba presionar a la naciente Unión Europea para que evitara la creación de un bloque comercial cerrado con la amenza de una respuesta norteamericana en el mismo sentido. Es desde entonces que se comienza a hablar de una Iniciativa para las Américas, para la creación de un mercado regional continental, que abarcara a los países del continente Americano en franco enfrentamiento con la Unión Europea. Se necesitaba crear una zona antagónica a la europea para poder tenr una base de poder que le permitiera negociar a los EE.UU. La iniciativa no fue muy bien acogida ni por el propio pueblo norteamericano, temeroso de la pérdida de empleos, los legisladores o los propios países latinoamericanos que veían en la propuesta más una revitalización de la Doctrina Monroe y una amenaza a su soberanía que una verdadera oportunidad para el desarrollo. En medio de la apatía general surgió la propuesta de un área de libre comercio continental. Al poco tiempo y con el cambio de gobierno la propuesta fue desechada temporalmente, para ser luego retomada y replanteada por la administración demócrata . Pero al igual que la anterior propuesta no cuenta con las simpatías ni el apoyo al interior de los EE.UU., situación que se reveló ante la negativa de otorgarle la capacidad a Bill Clinton de utilizar el fast track para las negociaciones del ALCA. Por otro lado el NAFTA, el más elaborado mecanismo de integración que involucra a los EE.UU. , enfrenta múltiples problemas en parte por el rechazo de la población norteamericana. Las ventajas para el gran empresariado han sido sin dudas magníficas (adquisisción de ferrocarriles, puertos, telecomunicaciones, mano de obra barata que garantiza la competitividad de los productos mexico-americanos), pero dentro del comercio norteamericano, la región ocupa un lugar muy poco relevante, al igual que América Latina. El comercio y las inversiones norteamericanas, los vínculos económicos, tienen aún una perspectiva internacional, que resulta imposible ser restringida al ámbito regional. El principal socio de EE.UU. continúan siendo Europa y Japón, economías cuyas capacidades y posibilidades no pueden ser sustituidas por un grupo de países subdesarrollados.
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| AÑO | VOLUMEN TOTAL | EUROPA | NAFTA | MEXICO | OTROS |
|---|---|---|---|---|---|
| 1985 | 12,720.00 | 7,573.00 | 212.00 | 136.00 | 4,935.00 |
| 1986 | 17,701.00 | 7,292.00 | 2,045.00 | -446.00 | 16,102.00 |
| 1987 | 28,977.00 | 11,397.00 | 6,409.00 | 310.00 | 22,258.00 |
| 1988 | 17,865.00 | 7,854.00 | 3,323.00 | 670.00 | 13,872.00 |
| 1989 | 37,604.00 | 23,397.00 | 2,920.00 | 1,652.00 | 33,032.00 |
| 1990 | 30,982.00 | 9,909.00 | 5,828.00 | 1,926.00 | 23,228.00 |
| 1991 | 32,696.00 | 19,563.00 | 3,658.00 | 2,321.00 | 26,717.00 |
| 1992 | 46,647.00 | 18,287.00 | 3,388.00 | 1,320.00 | 41,939.00 |
| 1993 | 72,247.00 | 43,970.00 | 6,100.00 | 2,516.00 | 63,631.00 |
| 1994 | 53,087.00 | 19,101.00 | 9,614.00 | 3,327.00 | 40,146.00 |
| 1995 | 93,046.00 | 52,828.00 | 9,880.00 | 2,113.00 | 81,053.00 |

A m parecer el afán integracionista de EE.UU. es consecuencia directa de la crisis en las negociaciones de la Ronda Uruguay y la consecuente indefinición de la forma que tomaría la economía internacional luego del colapso de la URSS y el fin de la alianza estratégica entre occidente, que no era otra cosa que la subordinación de las inquietudes nacionales y regionales en aras de la estabilidad del bloque. La amenaza ante la restauracion entre las potencias económicas de un mayor proteccionismo que inhibiera el intercambio motivó que los EE.UU. adecuara su estrategia a un mundo conformado por bloques regionales en plena guerra comercial. La iniciativa continental, junto con los procesos de integración regional, a final de cuentas perdieron fuerza dentro de la estrategia norteamericana luego del surgimiento de la Organización Mundial de Comercio. El surgimiento de la OMC representa la revitalización del sistema multilateral de comercio. Las amenazas de proteccionismo se eliminan ante los propios mecanismos institucionales de la organización De esta manera EE.UU. pierde el interés por la formación de bloques regionales, de la integración, ya que existen organizaciones internacionales que garantizan el libre comercio entre los miembros de la comunidad internacional y ha venido desapareciendo el fantasma de la guerra comercial. Los bloques que se integren en otras regiones o los que ya estén consolidados no podrán ya encerrarse en si mismos en parte por la misma evolución de la economía internacional (empresas trasnacionales, libertad de flujos financieros que cada vez son mayores, etc.) y por la existencia de organizaciones internacionales con la suficiente legitimidad y capacidad para garantizarlo, que si no resuelven directamente el problema si sirven como foro de negociación entre los países con problemas. Más aún, la propia perspectiva internacional norteamericana en la manera de hacer negocios, reflejada en su diversificación, tal como se muestra en las tablas siguientes, impele no hacia la formación de bloques cerrados al exterior, sino más aún al fomento de la apertura comercial a lo largo del mundo. Los intereses norteamericanos continúan expandiéndose por el mundo y pareciera ser que comparativamente, Latinoamerica está quedando rezagada. Las perspectivas pues de una integración continental de carácter excluyente son cada vez menores, dentro de la óptica estrategica norteamericana. Esto lo podemos ver en las recientes negociaciones de la Cumbre de las Américas, que más que hablar de apertura comercial o integración económica, el tema principal fue la educación y su función dentro del desarrollo.
La III cumbre del ALCAEn la II Cumbre de la Américas celebrada en Santiago de Chile, los 34 jefes de gobiernos del continente trataron de reactivar los esfuerzos por crear una zona de libre comercio de Alaska a Tierra del Fuego en el año 2005, para impulsar el crecimiento económico y profundizar la democratización. política. Sin embargo, el que el Presidente Bill Clinton no tuviera la "vía rápida" para negociar los acuerdos comerciales, mantuvo la incertidumbre sobre el ALCA y el futuro de la zona de libre comercio más grande del mundo.Hace cuatro años en Miami, durante la I Cumbre efectuada y en donde se decidió establecer el ALCA, en cierto sentido fracasaron las negociaciones por la crisis financiera mexicana. A partir de entonces las negociaciones se estancaron. En la reunión de Santiago se llegó a pensar que era el momento idóneo para reactivar las negociaciones. Pero los problemas iniciaron a partir de que el Congreso norteamericano le negó al presidente Clinton la capacidad para llegar a acuerdos presidenciales con países de América Latina respecto a la liberalización comercial a los cuales el Congreso restaba aprobar o rechazar sin hacer modificación alguna, el fast track. Esto en parte se explica a partir de las presiones proteccionistas que finalmente dominaron la discusión al interior de los EE.UU. Las preocupaciones sobre la pérdida de empleos y falta de salvaguardas ambientales fueron los principales argumentos en contra de la liberalización comercial en EE.UU. Asi, mientras los países latinoamericanos buscan mejores condiciones de acceso al mercado norteamericano, luego de la crisis asiática, los EE.UU. no están dispuestos aún a concederlo; a pesar de que a cambio garantizarían institucionalmente el libre acceso de sus productos al resto del continente. Ante la poca disposición norteamericana, los países de América Latina han decidido incorporarse a proyectos de integración de carácter subregfional. Así, aparecen proyectos de integración subregional que ofrecen resultado más seguros, aunque más modestos, para los países de la región. Ante la quimera del ALCA algunas naciones latinoamericanas buscan alternativas que los beneficien. Pero con esto surgen nuevos obstáculos a la integración continental, esto por las contradicciones naturales que surgirán entre los bloques subregionales y el ALCA, tal como podemos ver actualmente las disputas entre los miembros del Mercosur y norteamerica; además se crean coaliciones de países con mayor capacidad de negociación, lo que repercutirá en la duración de las negociaciones para la zona de libre comercio haciendo poco probable el establecimiento del ALCA para el 2005. Más aún, en estos proyectos subregionales se excluye ya a los EE.UU. El liderazgo se asume por otros paíse, Brasil-Argentina-Chile, desbancando a EE.UU. Lo que ocurre es que no se produce la expansión del TLCAN hacia el sur, sino la expansión del Mercosur hacia el norte y este (véase las negociaciones del Merciosur con los países del pacto andino). Sin embargo , la Cumbre no era solamente simples negociaciones en aras del establecimiento del ALCA; la agenda de la reunión fue mucho más compleja (aunque algunos articulistas explican esta complejidad a partir de la incapacidad norteamericana de negociar en torno al acuerdo de libre comercio) Prueba de ello es la aprobación de una serie de programas y acciones para ``mejorar la calidad de vida'' de la población hemisférica. Convertir el continente en la mayor zona de libre comercio del mundo era uno de los puntos de la agenda, no el único pero quizás el más publicitado. En la lucha contra la pobreza se contará con una inversión de casi 45 mil 594 millones de dólares en los dos próximos dos años, monto que será por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial (BM) y la Agencia Internacional para el Desarrollo. Los 34 jefes de Estado y de Gobierno reunidos Santiago durante el último fin de semana, reconocieron en su Declaración de Santiago que el crecimiento positivo observado en América en los últimos años ``no ha solucionado todavía los problemas de inequidad y exclusión social'' y reconocieron que la superación de la pobreza continúa siendo el reto más grande al que se enfrenta el continente. Se trató también el tema de la democracia, en el discurso de clausura los países participantes se comprometieron a a expandir los espacios de la democracia, promoviendo una participación más activa de los individuos en todos los aspectos de la vida ciudadana. Aunque se reconoció también que la democracia es frágil en algunas partes del continente, lo que a la larga podría ser un obstáculo para la formación del ALCA. Mención especial recibió la protección de los derechos humanos y la libertad de los individuos, comprometiendose los países a garantizar su protección y respeto. Uno de los puntos más destacados durante la cumbre fue le referente a la educación, que pasó a convertirse en el eje de la reunión, en sustitución del libre comercio continental. Se concluyó que la educación constituye el factor decisivo para el desarrollo político, social, cultural y económico, y en este sentido, se comprometieron a facilitar el acceso de todos los habitantes de la región a la educación preescolar, primaria, secundaria y superior por lo que reafirmaron el compromiso de invertir mayores recursos en esta importante tarea, así como impulsar la participación de la sociedad civil en el desarrollo educativo'. Otro de los temas fue el narcotráfico. Al respecto el intento por constituir la Alianza Hemisférica contra el Narcotráfico se rebela como el principal intento para frenar el embate de los cárteles de la droga en la región y fortalecer las instituciones democráticas.
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