Victor
Alonso. 1994.
Tras las últimas
noticias y acontecimientos con respecto al terrorismo de estado, pocas
cosas quedan por decir que no hayan quedado claras. La llamada guerra sucia
comenzó en la última época del franquismo. Los elementos
franquistas que todavía dominaban la policía y otros cuerpos
represivos intentaron paralizar a la oposición política mediante
intimidaciones, secuestros, complots o "eliminaciones físicas".
Con Fraga como Ministro del Interior, en el Gobierno de Arias-Navarro,
y durante la época de UCD, con Rodolfo Martín Villa en el
mismo puesto, actuaron el Batallón Vasco Español (BVE), la
Triple A (Alianza Apostólica Anticomunista), ATE (Anti Terrorismo
ETA), o los Grupos Armados Españoles (GAE).
Estas eran las
siglas tras las cuáles se ocultaban los elementos fascistas del
aparato del estado, que actuaban con total impunidad, tanto aquí
como en otros países.
Aznar quiere
"pasar página sobre el GAL". Pero, claro, después de haber
utilizado este escándalo como arma electoral contra el PSOE. EL
PP disolvió la Comisión GAL del Senado justo cuando se iban
a investigar las conexiones de los Gobiernos de UCD con la guerra sucia.
Cada vez se ve más clara la hipocresía que está detrás
de todas sus acusaciones. El general Sáenz de Santa María
tuvo una entrevista privada con Martín Villa horas antes de aparecer
en la Comisión GAL. No hay que ser adivino para comprender lo que
Sáenz le dijo.
Está claro
que advirtió a Martín Villa que el asunto GAL era una cuestión
de estado y, que si seguían por ese camino, el propio PP podría
acabar arrastrado por el peso muerto de la guerra sucia.
Sáenz
representaba al aparato del estado y su advertencia llegó rápidamente
a Aznar, que ordenó la liquidación inmediata de la Comisión
GAL. En el fondo, la derecha nunca ha tenido interés alguno en que
reluciera la verdad sobre el terrorismo de estado.
Encima,
Felipe González reconoció que en trece años de gobierno
y a veinte años vista de la muerte del dictador, ha sido incapaz
de limpiar el aparato del estado de elementos ultraderechistas y augura
nuevos GAL.
No le faltó
razón a González. Con el PP el terrorismo de estado continúa,
aunque de una forma más sútil. Los etarras que insolitamente
aparecen suicidados en las cárceles españolas con las manos
atadas a la espalda así lo confirman.
Quizá
algún día estas misteriosas muertes sean objeto de investigación
judicial.
El escándalo
de los GAL apareció, tras varios años reposando en los olvidados
archivos de la Audiencia Nacional, en un momento de enorme crispación
social e impopularidad del Gobierno PSOE.
Como suele
ocurrir en estos casos, no fueron ni el gobierno ni la justicia los descubridores
de los GAL, sino un puñado de periodistas valientes que desde diferentes
medios tuvieron que superar mil y un obstáculos, críticas
e insultos para terminar publicando hace ahora ocho años lo que
Amedo y Domínguez denuncian después.
Lo fundamental
del caso GAL se sabía ya desde que los periodistas Melchor Miralles
y Ricardo Arqués publicaron en 1990 su libro "Amedo, el estado contra
ETA".
Sin embargo,
las pruebas aportadas por Amedo y Domínguez, tras seis años
de silencio esperando la promesa del indulto, han sido cruciales para el
descubrimiento de la verdad.
Hasta hace
poco, sólo el ex-subcomisario José Amedo y el ex-inspector
Michel Domínguez, condenados a 108 años de prisión,
y en régimen abierto desde julio de 1993, habían sido procesados
por el caso GAL.
La versión
oficial, totalmente inverosímil, era que estos dos policías
habían creado, financiado y dirigido los GAL por su cuenta y riesgo.
Implicación
policial
Entonces, ¿qué
hacían el responsable de operaciones del Ministerio del Interior,
el jefe superior de Policía de Bilbao y el jefe de la Brigada de
Información del Mando Único Antiterrorista visitando a Amedo
y Domínguez en la cárcel de Guadalajara unos meses después
de su procesamiento?
¿Qué
hacía, Rafael Vera, ex-secretario de Estado para la Seguridad, entrevistándose
con las mujeres de los dos policías encarcelados?
¿Qué
hacía el secretario personal de Vera, Juan de Justo, viajando a
Suiza con maletines repletos de dinero proveniente de los fondos reservados
para entregárselo a las esposas de los procesados?
¿Qué
hacía Julián Sancristóbal, ex-director de la Seguridad
del Estado y ex-gobernador civil de Vizcaya rectificando de su puño
y letra un comunicado de los GAL?.
Es evidente
que sólo la absoluta confianza en la cobertura legal y política
que le suministraba el Gobierno, la impunidad total que le garantizaba
el ejecutivo, puede explicar el cúmulo de chapuzas y despropósitos
de una trama secreta de terrorismo de estado como fue el caso GAL.
Es evidente,
también, que el ex-ministro de Interior, Barrionuevo, así
como su jefe en el Gobierno, Felipe González, estaban al tanto de
todo y por tanto, eran los máximos responsables de los GAL.
¿Como
ocurrió esto? Al llegar al gobierno en 1982, Felipe González
y su equipo no se atrevieron a depurar el aparato del estado, lleno de
fascistas, y continuaron la misma política de terrorismo de estado
que inauguró el franquismo.
El Gobierno PSOE
en vez de enfrentarse a los sectores más reaccionarios de la sociedad,
apoyándose en los 10 millones de votos que recibió, y realizar
una política al servicio de los intereses de los trabajadores, se
convirtió en el instrumento político del gran capital, la
Iglesia y los militares.
¡Qué
se callen los cómplices!
Las críticas
al PSOE provenientes de la derecha, y en especial del PP, son la expresión
más acabada de la hipocresía política.
Alianza Popular,
antecesora del PP, apoyó al Gobierno de UCD que sostuvo al Batallón
Vasco-Español.
En aquella época,
el siniestro Martín Villa era el Ministro del Interior, que ahora
ocupa un puesto en la dirección del PP de Aznar. Además,
el anterior presidente del PP, Manuel Fraga, y ahora, de la Xunta, en su
época de jefe de la oposición le decía a González:
"En materia antiterrorista nunca le sacaré los colores" y alardeaba
de ello. Por tanto, ¡que se callen los complices!.
¿Quién
tiene que abrir la boca en este tema? El pueblo vasco que sufrió
la represión de sus libertades y derechos nacionales bajo el franquismo
y no vio reconocido su derecho a la autodeterminación bajo la "democracia"
y la clase trabajadora del Estado español, auténtica protagonista
en la lucha por las libertades democráticas.
¿Podemos
confiar en la justicia? ¿Podrán llegar los jueces hasta el
final? Difícilmente. Las trampas legales de Vera para retrasar y
obstaculizar su procesamiento; la renuncia del fiscal original del caso,
Ignacio Gordillo, tras las presiones y amenazas recibidas; el contraataque
gubernamental contra Garzón; la sentencia de González: "nunca
podrá demostrarse la implicación del Estado en la trama de
los GAL" después de desvelar que el estado también se defendía
desde las alcantarillas; son simples botones de muestra de las dificultades
que acompañarían una investigación independiente.
La justicia,
a pesar de que puedan existir buenos profesionales, está al servicio
de la clase dominante que no le interesa que se llegue hasta el fondo.
Si antes Amedo
y Domínguez fueron los cabezas de turco, ahora se buscarán
unos nuevos que paguen el pato, con tal de echar tierra sobre el asunto.
Para el esclarecimiento total de los hechos no podemos confiar en la justicia
burguesa. Tampoco en comisiones de investigación parlamentaria,
puesto que tanto el PSOE como el PP, están interesados en mantener
lo más oculto posible la verdadera responsabilidad del terrorismo
de estado. La única solución para esclarecer la verdad en
torno al terrorismo de estado es la investigación independiente
a cargo de una comisión internacional. Los marxistas del IZQUIERDA
REVOLUCIONARIA pensamos que es prioritaria la movilización de la
clase obrera y la juventud en torno a un programa mínimo que plantee:
* La creación
de una comisión internacional integrada por personalidades independientes,
sindicalistas de reconocido prestigio, representantes de asociaciones democráticas
y de defensa de los derechos humanos, representantes de la juventud luchadora,
de las Madres de Mayo, etc., que investigue con luz y taquígrafos
hasta el total esclarecimiento de los GAL y de todas las tramas paralelas.
* La defensa
de las libertades democráticas y por tanto, la derogación
inmediata de la Ley Corcuera y la Ley Antiterrorista.
* La depuración
de todos los elementos fascistas del aparato del estado.
* La abolición
de los fondos reservados, que sólo han servido para encubrir el
crimen y pagar sobresueldos a los altos funcionarios.
* Encarcelamiento
inmediato de los criminales Amedo y Domínguez, así como de
todos los responsables policiales y políticos de los GAL.
* Inmediata desmilitarización
de la Guardia Civil y posterior disolución del cuerpo. Derechos
sindicales plenos para los policías.
* Libertades
y derechos políticos y sindicales plenos para los soldados, así
como el control obrero de las academias militares y de la policía.
Movilización
Es necesaria la
movilización en torno a estos puntos. Las organizaciones obreras,
y en especial, IU tienen esta responsabilidad.
El caso
GAL como toda la trama del terrorismo de estado es un antecedente de lo
que aparato del estado en manos de los capitalistas puede hacer contra
sus enemigos.
Igual que han
matado a militantes abertzales, y también a gente que no ha tenido
nada que ver con ETA, no les temblaría la mano a la hora de atentar
contra dirigentes políticos y sindicales de la clase obrera sí
sus intereses y privilegios estuvieran en juego.
La guerra sucia
contra el independentismo vasco provocó 69 muertos y más
de 500 atentados entre 1975 y 1987. El primer atentado, realizado en 1975,
en vida de Franco, fue reivindicado por ATE (Antiterrorismo ETA).
En esta primera
época, el terrorismo de estado, también, apareció
con nombres como los GAE (Grupos Armados Españoles) o la Triple
A (Alianza Apostólica Anticomunista).
A partir de 1980,
el BVE (Batallón Vasco-Español) fue el que reivindicaba los
atentados. Las víctimas eran refugiados políticos vascos,
dirigentes de ETA, militantes abertzales o los familiares de todos ellos.
Aunque desde
el principio murieron gente que nada tenía que ver con ETA ni con
su entorno. Por ejemplo, en 1979, una bomba colocada en el bar Aldana de
Baracaldo mató a cuatro clientes. Este atentado fue reivindicado
por los GAE.
En Hendaya, el
BVE ametralló a los clientes de un bar frecuentado por refugiados
vascos, muriendo dos subditos franceses (hubo también nueve heridos).
Relacionado con
este caso, un alto jefe policial español, el comisario Manuel Ballesteros,
fue acusado en dos ocasiones de prevaricación y condenado por denegación
de auxilio a la justicia.
Este comisario
impidió la identificación y detención de tres individuos
(que dijeron ser policías), que tras el atentado, cruzaron precipitadamente
la frontera francesa en dirección al Estado español. Este
último atentado al igual que otros muchos aún no ha sido
aclarado.
Aunque, la implicación
de las fuerzas españolas de seguridad era más que evidente.
Por ejemplo,
en 1983, todavía bajo el Gobierno de UCD, tres geos (grupo de élite
de la Policía) y el comisario Jesús Alfredo Gutiérrez
fueron detenidos por la policía francesa y encarcelados en la prisión
de Pau cuando intentaban secuestrar al refugiado político vasco
José Mª Larretxea.
Este fue un caso
aislado. La inmensa mayoría de los policías o guardias civiles
españoles que fueron detenidos en Francia con armas o documentación
falsa eran liberados sin más explicaciones.
Normalmente,
los atentados se hacían en el sur de Francia, hasta que en 1979,
los GAE asesinaron a Tomás Alba, consejal de Herri Batasuna, extendiendo
el terrorismo de estado a Euskadi Sur.
Hace 19 años
que HB tiene su propio Gregorio Ordoñez. Ni que decir tiene que
no se realizó ningún acto de protesta por el asesinato fuera
de Euskadi. Con la llegada del PSOE al gobierno esta dinámica de
guerra sucia sólo cambia de nombre.
Los GAL (Grupos
Antiterroristas de Liberación) asesinaron a 27 personas, ocho de
las cuáles no tenían nada que ver con ETA, entre octubre
de 1983 y julio de 1987, siendo el continuador del Batallón Vasco-Español
de la época UCD.
Entre las víctimas
de los GAL se encuentra el parlamentario de HB Santi Brouard, uno de los
representantes políticos vascos más votados.
Los 69 asesinatos
como consecuencia del terrorismo de estado entre 1975 y 1987 demuestra
que la Constitución que tanto ama Anguita es sólo papel mojado.
La prohibición
explícita de la pena de muerte establecida en la Carta Magna no
ha servido para detener la aplicación de la máxima pena,
decidida sin jueces ni abogados en los despachos oficiales.
La trama
de los GAL demuestra que todavía falta mucho para considerar al
Estado español como una democracia burguesa en el sentido tradicional
del término.
Aquí siguen
existiendo fuertes elementos continuadores del franquismo, como la guerra
sucia, las torturas, los recortes de derechos, la brutalidad policial,
y en especial, la figura del bonaparte que nos dejo Franco como regalo
envenenado para el futuro.
La clase trabajadora
y la juventud debe sacar la conclusión de que la lucha por la defensa
de las libertades democráticas es permanente y nunca se agota.
Hoy, la única
garantía que tenemos para el futuro es el fortalecimiento de nuestras
organizaciones, lo que implica la vuelta a la militancia activa con objeto
de transformar los sindicatos y partidos obreros en auténticos instrumentos
de lucha y transformación social.
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