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Los orígenes. Época romana y visigoda |
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Los primeros
asentamientos parece que tuvieron lugar en la costa mediterránea y su
presencia se ha detectado en ciudades como Ampurias, Mataró, Tarragona, Adra,
Málaga, Cádiz y Mérida. Uno de los primeros restos arqueológicos con que
contamos es la estela funeraria del samaritano Iustinus de Mérida, fechada en
el siglo II. Este epitafio, así como la lápida de la niña Salomónula o la del
rabí Lasies, permite asegurar la llegada de judíos en los primeros siglos de
nuestra Era. Los judíos de la España romana debieron ser simples trabajadores
o incluso esclavos y fueron medrando poco a poco en las ricas ciudades
comerciales de la costa. La importancia de las comunidades judías debía ser
tal en el siglo IV que el Concilio de Elbira, Granada, se pronuncia en
algunos de sus cánones contra ellos. Es la primera vez que la Iglesia se
preocupa por el peligro que los judíos representan para los nuevos cristianos
que, con la convivencia, pueden judaizar.
Las primeras
invasiones bárbaras de la Península supusieron notables convulsiones tanto en
la sociedad hispano-romana como en la judía. Los hebreos habían ido creando
una tímida explotación agraria para subsistir, pero el enfrentamiento con la
Iglesia se acentuó, produciéndose la conversión forzosa de los judíos de
Mahón. Con la invasión de España por los visigodos se produce una época de
tolerancia del poder hacia los judíos. La monarquía arriana, pese a su
inestabilidad política, será complaciente con sus súbditos judíos. Durante
esta etapa, judíos y cristianos no se diferenciaban más que por su religión.
Los judíos eran pequeños propietarios y se dedicaban al comercio, contando
con la tolerancia de los visigodos. Pero la conversión
de Recaredo en el III Concilio de Toledo supone el comienzo de las
persecuciones bajo la monarquía católica: Sisebuto expulsa a los judíos del
reino, Egica los persigue y separa de los cristianos y Chintilla obliga a los
judíos de Toledo a abjurar de los ritos y prácticas de su fe. Los niños
judíos eran separados de sus padres para ser educados como Cristianos. De
entre los restos arqueológicos de ésta época, bastante escasos, destacan
varias inscripciones, como la pileta de Tarragona o la memoria de Meliosa.
También es de gran interés una estela del siglo VI-VII decorada con pavos
reales y arranque de menorah. |
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