La judería de Toledo


Restos judíos

Museo de Santa Cruz

Plaza del Corral de don Diego

Calle de la Plata, núm, 9

Palacio de Galiana

El baño ritual

Posada de la Hermandad

El palacio de Samuel Ha-Levi

La sinagoga del Tránsito

El Museo Sefardí

Sinagoga de Santa María la Blanca

El cementerio judío

 

 


Museo de Santa Cruz: Se conservan algunas tumbas hebreas procedentes del cementerio de la ciudad. Varios otros objetos fueron trasladados al Museo Sefardí.


 Plaza del Corral de don Diego: Sobre el dintel de entrada al corral, una piedra judía. Se habla de una lápida hebrea de Joseph al Nequah, pero ha sido ya quitada de allí. Hace relativamente poco tiempo se ha descubierto, junto a esta plaza y con acceso desde ella, un edificio que estuvo sirviendo durante mucho tiempo de taller y cochera y que, al poderse estudiar, resultó que se trataba de una sinagoga desconocida y no localizada hasta entonces. Lleva tiempo la labor de recuperación y, mientras escribo estas líneas (1994), aún no puede ser visitada. Sin embargo, tanto por su tamaño como por sus características, promete ser una de las más importantes y completas entre las que se han conservado en España. Ahora puede ser contemplada a cierta distancia y cabe apreciarla, siquiera sea desde la lejanía, en todo su presumible esplendor.


 Calle de la Plata, núm, 9: El dintel de la puerta es una tumba judía, con la inscripción casi borrada.


 Palacio de Galiana: Es tradicionalmente el palacio donde el rey Alfonso VIII retenía a su amante, la judía Raquel. Se trata de una historia medio legendaria o de una leyenda medio histórica que no ha tenido posibilidad alguna de ser verificada. Cabe pensar -y yo me inclino por esta versión- que se trata de una leyenda que materializó en cierto modo la gran estima que el rey Alfonso VIII tenía por los judíos toledanos y que se convirtió, primero en boca del pueblo y luego hasta de cronistas e historiadores, en un lance amoroso sin trascendencia real, pero de enormes consecuencias históricas.


 El baño ritual: No parece que haya uno solo, sino al menos un par de ellos, encontrados recientemente y, por ahora, cerrados cuidadosamente al público visitante, en espera de que se pueda hacer una restauración. Se encuentran a unos 30 metros del hastial de Levante de Santa Maria la Blanca. Es una construcción que parece datar del siglo XIV y que debió de ser utilizada hasta el momento mismo de la expulsión. Su presencia coincide con los que los documentos llaman baños de Zeid; están situados muy cerca del antiguo adarve de Algundari, en la misma calle del Ángel.

Con los baños de Zaragoza y Besalú, y los que se localizaron en Gerona, son, por ahora, los únicos que existen en la Península. En los de Toledo quedan vestigios de tres estancias bastante desfiguradas a causa de las construcciones posteriores que se levantaron sobre ellas, dedicadas a viviendas y a carboneras. Permanecen las bóvedas de ladrillo, con espacios huecos destinados a las lámparas, cuadrados de base y en forma de tronco de pirámide. Igualmente subsisten pequeñas bóvedas de cañón, situadas en los compartimientos de las casas construidas sobre los baños, con arcadas divisorias que, parcialmente, forman arcos de herradura y en parte de medio punto. Los apoyos de estas arquerias son pilares octogonales, uno de los cuales conserva un capitel visigodo muy deteriorado. En la casa que se levanta al lado las bóvedas que se conservan son de herradura y hay una última estancia con una especie de nicho que tiene el arco grabado en uno de sus lados. El pavimento es de ladrillo, formando espiga. Y los muros de mamposteria están dispuestos en hileras de escasa altura, tal como era costumbre construir entre los canteros islámicos que trabajaban en la ciudad.


 Posada de la Hermandad: Está junto a la catedral. Hay quienes aseguran que fue antigua sinagoga o, al menos, que alli hubo una antes de levantarse el actual edificio. En los tiempos posteriores al siglo XV fue una especie de cuartel general de la policia rural creada por los Reyes Católicos, la Santa Hermandad, represora de conversos, en paralelo con el Santo Oficio.


 El palacio de Samuel Ha-Levi: Ocupa la totalidad de la que hoy se llama Casa del Greco, más un terreno supletorio del que desconocemos ya sus reales dimensiones, aunque se tiene noticia de que alcanzaba hasta casi las mismas márgenes del Tajo. Se extendía por el sur y por el este de la judería y fue construido por el tesorero de Pedro I. Las terrazas del jardín actual se construyeron sobre muros del viejo palacio derruido, y los sótanos que se abren a ese jardín fueron subterráneos utilizados por el antiguo dueño de la mansión: precisamente el lugar donde, según cuenta la crónica de Pero López de Ayala, fueron hallados auténticos montones de tesoros que Samuel Ha-Leví fue amasando durante el tiempo en que administró los bienes del reino castellano, hasta que el mismo rey Pedro le mandó prender y supliciar para apoderarse de ellos. Es la única mansión judía auténticamente documentada en toda la Europa medieval, junto con las halladas recientemente en Gerona. La caracteriza aún la práctica ausencia de ventanas a la calle. Toda la luz y la ventilación del edificio vienen de los jardines y de los patios interiores.


 La sinagoga del Tránsito: Comenzó siendo construida como oratorio privado de Samuel Ha-Leví, pero a su muerte quedó aislada y fue puesta a disposición de la Iglesia y bajo la advocación de Nuestra Señora del Tránsito. Pasó a ser propiedad de la Orden de Calatrava, que la convirtió en capilla e hizo enterrar en su recinto a varios de sus caballeros, cuyas tumbas pueden advertirse todavíaen el suelo de la sinagoga. Las modifícaciones calatravas son del siglo XVI.

La sinagoga se distingue por su suntuosidad decorativa,por la profusión de entallados moriscos en las paredes, sobre todo en las del lado oeste, que es donde posteriormente se instaló el altar de la capilla cristiana.

La construcción se compone de tres zonas verticales rectangulares, bajo otra llena de decoración muy barroca, de la llamada mozárabe.Hay gran cantidad de escudos de Castilla y León, así como diversas inscripciones hebreas que exaltan la figura del rey Pedro I, que fue el que dio el oportuno permiso y el que permitió el enriquecimiento de su promotor. Los cantos de a1abanza hebreos se extienden a Samuel Ha-Leví y a Rabbí don Mayr, que fue su arquitecto.

Delante de los arcos hay una pequeña zona de antiguo pavimento de mosaico, con losetas de barro rojo y vidrio de colores. Sobre las molduras hay escritos varios fragmentos del Salterio. Hay aún más inscripciones en árabe en las cintas de los frisos y en los ábacos de los capiteles de las columnas.

En el muro sur hay huecos espaciosos con dintel recto, destinados a sostener las vigas de las tribunas altas -desaparecidas-, todos ellos con antepecho de celosía morisca. Estas tribunas estaban destinadas a las mujeres. Por encima de ellas se abrirían los ventanales actuales y, extendiéndose por el muro frontero, un ancho friso con castillos heráldicos, entre motivos florales terminados en cenefas, lazos e inscripciones arábigas de estilo cúfico.

En términos generales, la ornamentación es de dos tipos distintos. Por un lado, el fondo de ataurique morisco con pámpanos de vid estilizados. Por otro, la arquería alta, de arcos apuntados y lobulados, con capiteles de follaje realista. El muro oriental contiene, en medio de una decoración profusa, el nicho donde se guardaba la Menorah, el cofre de las Escrituras con los rollos de la Ley y los pergaminos de la Torá. El lugar quedaba iluminado por la luz exterior, que se filtraba a través de los ventanales calados del muro de enfrente.


 El Museo Sefardí: Forma parte de 1as instalaciones del Tránsito y se entra en él atravesando la sinagoga. Se abrió en 1971 y posee numerosos recuerdos judios, posteriores casi todos ellos a la gran época de esplendor toledano. Aparte numerosas publicaciones, que pueden adquirirse en el mismo museo -procedentes casi todas del Instituto Arias Montano, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Cientificas (C.S.I.C.)-, las instalaciones nos permiten visitar varias salas curiosas para el conocimiento de lo que fue la vida de los judíos españoles. Varias fotografías, gráficos y mapas cuentan de las juderías, aljamas y calls que aquí hemos venido tratando, de su gente y de su circunstancia.

La sala I contiene un mapa de las aljamas y comunidades judías tanto en la Edad Media como en la actualidad. Hay también varias lápidas funerarias -algunas procedentes del museo de Santa Cruz- y fragmentos de otras, con inscripciones.

La sala II guarda numerosos objetos judíos, amuletos cabalísticos muy importantes y, entre algunas otras lápidas, la de doña Fadueña, procedente de la aljama de Béjar, de la que hablábamos en su momento.

En la sala III hay paneles que muestran la situación social y las vicisitudes de los judíos peninsulares a lo largo de su historia, así como vitrinas con importantes muestras etnológicas y folclóricas.

Entre los libros expuestos -es decir, para ver y no para leer- se encuentra un ejemplar del Abné Zikaron, editado en Praga en 1841, en el cual el autor anónimo daba curiosos datos de los recuerdos judíos españoles de su época. Rollos de la Torá, manuscritos y objetos litúrgicos completan la colección siempre creciente.


 Sinagoga de Santa María la Blanca: Existen dos versiones sobre sus orígenes: según una de ellas fue construida en el reinado de Alfonso VIII por Ibrahim ben Aljafar, embajador de Castilla ante la corte almohade; según otra, basada en la influencia arquitectónica del arte granadino, la sinagoga no sería levantada hasta fines del siglo XIII. Sin absoluta seguridad, puede pensarse que su nombre primitivo fuera el de sinagoga de Almaliquim, construida por David ben Salomón ben Aburdaham. Tuvo culto judío hasta el siglo XV y se convirtió en iglesia con el nombre que tiene ahora después de los sermones toledanos de fray Vicente Ferrer. En el siglo XVI, el cardenal Martínez Silíceo convirtió el templo en refugio para mujeres penitentes. De aquel momento preciso datan las tres capillas de la cabecera actual.

La sinagoga tuvo, en lo arquitectónico, una influencia indudable sobre otras sinagogas del resto de la Península, sobre todo la de Segovia. Es de advertir, como dato significativo, el profundo contraste que se hace patente entre la humildad exterior y el lujo que se aprecia dentro, detalle típicamente hebreo que, a otros niveles, hemos podido ya comprobar en la casa de Samuel Ha-Leví.

La sinagoga se compone de cinco naves, construidas de este a oeste, separadas por arcos de herradura sobre pilares octogonales. La nave central es la más alta, siguiendo un arquetipo basilical. En total se cuentan 32 pilastras, con capiteles adornados con volutas, rombos y tallos con piñas: un tipo de decoración que, extrañamente, recuerda el que se utilizó muchos siglos antes en el arte prerrománico asturiano, el de Santa María del Naranco y Santa Cristina de Lena.

En el hastial de Levante se conserva perfectamente la decoración de paredes de ladrillos con ventanales ciegos, polilobulados y otros con dintel recto. En el pogrom de 1391 se destruyó la ornamentación más puramente litúrgica y sólo quedaron las zapatas, talladas en madera, del imafronte. En el siglo XIX se inició una restauración bastante correcta de muchos de los capiteles deteriorados. En esa restauración, sin embargo, se tapiaron las puertas laterales y se abrieron otras, deformando fundamentalmente la arquitectura litúrgica propia de la sinagoga. Aun así, son visibles muchos símbolos entre la decoración, como es el caso de la gran cantidad de lirios entre atauriques y la profusión con que aparece la estrella de seis puntas de David.

La gran originalidad de esta sinagoga radica, en buena parte, en el hecho mismo de haber sido levantada -casi con absoluta seguridad- por canteros musulmanes que le dieron su impronta en un tiempo en el que Toledo era ya de largo ciudad cristiana.


 El cementerio judío: Situado en el cerro de la Horca, su perímetro -y algo más- está ocupado hoy por una escuela de formación profesional, Fue abandonado con la expulsión y sólo cuando el autor anónimo del Abné Zíkaron copió alguna de las leyendas de sus lápidas fue redescubierto. Mientras tanto, muchas de las tumbas y laudas sepulcrales habían sido ya empleadas en la ciudad, formando parte -como hemos visto- de dinteles y esquinas, Se realizaron excavaciones en 1887 y se extrajeron algunas sepulturas que hoy se reparten el Museo Sefardí y el Arqueológico Nacional de Madrid.

 


Caminos de Sefarad. Guía judía de España. Juan G. Atienza. Ediciones Robinbook. Barcelona 1994.

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