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Este trabajo se propone analizar la dinámica del empleo urbano en la Argentina de las últimas décadas. Vamos a poner especial énfasis en los ocurrido en materia de desocupación a partir de la implementación del Plan de Convertibilidad.
Nuestro universo de estudio estará centrado en dos de los aglomerados urbanos más importantes del país: el Area Metropolitana (Capital Federal y 19 partidos del Conurbano Bonaerense) y Gran Rosario.
Como fuente de datos, vamos a tomar a la Encuesta Permanente de Hogares que realiza el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), desde 1974 hasta 1996, tomando la segunda onda de cada año que por lo general coincide con el mes de Octubre.
En una primera etapa, trataremos la dinámica del empleo a través de las tasas globales de Actividad, Empleo, Desocupación y Subocupación. Posteriormente, incorporaremos las tasas específicas por Sexo, Edad y Posición en el Hogar con el fin de analizar la influencia de estas variables en los cambios en el mercado de trabajo.
El trabajo está dividido en cuatro secciones. La primera corresponde a una breve descripción del contexto económico y social en que se fueron dando los cambios en el mercado laboral. La segunda y la tercera, están dedicadas a la situación específica del Area Metropolitana y de Gran Rosario, respectivamente. Por último, realizaremos un análisis comparativo de las dos jurisdicciones estudiadas a fin de evaluar diferencias y semejanzas.
Desde los años ’30 hasta mediados de la década del ’70 han sido implementados en la Argentina, por los distintos gobiernos de turno, diferentes modelos de desarrollo orientados fundamentalmente hacia la industrialización sustitutiva. Entre ellos, se destacan el justicialista (1945-1955) y el desarrollista (1958-1972).
Es con el advenimiento de la dictadura militar del setenta (1976-1983) que se instala un quiebre en esta orientación hacia la industrialización vigente por cuatro décadas. Comienza una era de modelos aperturistas, que recorre también a los gobiernos democráticos que sucedieron a la dictadura.
Se detallarán más abajo, los distintos matices que presentaron estos modelos con cada gobierno (período 1976-1996); pero resumiendo, se puede afirmar que sus efectos fueron los siguientes: "a) Profundización del enriquecimiento absoluto del ínfimo segmento de clase alta; b) disminución relativa del volumen de clase media y su progresiva desalarización; c) disminución del peso relativo de la clase obrera y acentuación de su desalarización; d) rápido aumento del estrato marginal (no asalariado). Todo ello en un contexto de empobrecimiento absoluto (caída por debajo de la línea de pobreza) que ahora involucra no sólo a los estratos obreros y a los marginales, sino también a las capas medias que hasta hace poco experimentaban únicamente empobrecimiento relativo […]. De suerte que, hacia 1990: la incidencia de la pobreza no sólo es muy superior a la que tenía la Argentina hacia 1974, sino que también excede el promedio urbano de los países latinoamericanos en 1970; la composición social de la pobreza es más heterogénea, ya que las carencias inciden ahora sobre un espectro más amplio de estratos sociales; por último, existe ahora un estrato de pobreza extrema (indigentes) que, si bien es más reducido que a mediados de los ’70, ha agravado notoriamente la intensidad de su infraconsumo." (S. Torrado, 1995).
Describiremos ahora las formas en que se diferenció el modelo en cada uno de los gobiernos del período estudiado:
- Gobierno militar, años 1976-1983: implementó políticas de claro sesgo desindustrializador, concentrador y excluyente. Comienza a producirse un aumento en la desigualdad de la distribución y de los niveles de pobreza.
El gobierno de facto , que quebró el régimen constitucional, buscó reestructurar los aspectos básicos que definen el patrón de acumulación. Para ello, y debido a los fuertes desequilibrios macroeconómicos, implementó un programa de estabilización que buscó hacer frente a las dificultades del balance de pagos y a los niveles inflacionarios (niveles nunca antes conocidos en el país). Se implementó una política de ajuste, basada en la contención salarial (consecuencia: alteración de la distribución del ingreso, cuyo promedio cae un 30% respecto de los años anteriores). Hasta el año 1978, aproximadamente, se produce una disminución de la oferta de trabajo (por el fenómeno de desaliento) que hizo contraer a la desocupación abierta. Además, se observó el crecimiento del cuentapropismo.
En 1979 se puso en marcha un nuevo esquema estabilizador (fijación del tipo de cambio para meses venideros, según una pauta de aumento decreciente), que redujo la inflación y con ello, creó una recuperación en los ingresos de los asalariados pero no pudo evitar la creación de un importante atraso cambiario (que hizo necesarias fuertes devaluaciones, provocando nuevos efectos inflacionarios y contractivos, reforzados luego por la guerra de Malvinas).
El hecho más importante en estos años fue el acelerado crecimiento de la deuda externa (sin expansión paralela de la capacidad productiva ni superávit comercial), por su condicionamiento de la economía por venir. La parte de la deuda que correspondía al sector privado fue estatizada, y el pago de los intereses de la deuda llevó a un déficit del sector público, para los años 1982 y 1983, del 15% del PBI.
- Gobierno radical, años 1983-1989: No llegó a implementar una estrategia que modificara sustancialmente el modelo heredado, pero procuró suavizar sus peores efectos, sobre todo en lo que concierne a la recuperación del salario real.
El endeudamiento externo impidió la consolidación del ciclo de crecimiento de la actividad iniciada en el ’83; y hacia fines del ’84 se agudizan los problemas de balance de pagos e inflacionario, lo cual llevó a poner en marcha una política contractiva. (Plan Austral). La economía presentaba ya como aspectos estructurales el manejo de las cuentas públicas y el régimen de alta inflación (que prevaleció desde mediados de los ’70), que explican las dificultades para lograr una estabilización sostenida.
Se estancó la demanda de empleo, reflejado esto a partir de mediados de los ’80, en el crecimiento de la desocupación y subocupación abiertas, indicadores que registraron hacia fines de la década niveles desconocidos hasta ese momento en el país.
La inestabilidad macroeconómica, más condicionamientos políticos, condujeron a los brotes hiperinflacionarios de 1989 y 1990.
- Gobierno justicialista, años 1989 en adelante: En los primeros años, el gobierno ensayó distintos lineamientos de políticas públicas, pero es a partir de 1991 (Plan de Convertibilidad) cuando se afianza una estrategia de desarrollo nítida en sus objetivos y en sus medios de implementación, que retoma en el plano económico, exacerbándolo, al modelo aperturista del gobierno militar, pero ahora con un éxito notable en el control de la inflación, crecimiento del PBN y modificación de las estructuras productivas. El Plan de Convertibilidad logró dominar la inflación y mantener la estabilidad, pero no logró mejorar la situación del empleo. Las salarios recuperaron parte de su poder adquisitivo y aumentó el crédito de consumo.
Mejoró la recaudación tributaria (reducción de la inflación, aumento de las alícuotas de ciertos impuestos, reducción de evasión por cambios en la administración tributaria), se difundió el crédito de consumo y del mercado inmobiliario. Ingresó un gran caudal de capitales (entre 1991 y 1994) que coincidió con inversiones en empresas estatales que se privatizaron (el flujo alejó dificultades que podría provocar el fuerte desequilibrio de la cuenta corriente externa), cambiaron los precios relativos a favor de los no transables, crecieron fuertemente las importaciones (revaluación real de peso, disminución de la protección arancelaria).
La reducción arancelaria, el atraso cambiario y el aumento de la presión fiscal, hicieron que muchas líneas de producción fuesen absorbidas por las importaciones y como consecuencia muchas firmas no pudieron seguir produciendo. En general, debieron hacer importantes adecuaciones para reducir sus costos y así aspirar a ser competitivas.
Se produjo una creciente concentración de la producción y centralización del capital debido a que muchos productores no pudieron hacer frente a la apertura de la economía y a la imposibilidad de acceder al crédito.
A fines de 1994 cambia la tendencia creciente del nivel de actividad que se había iniciado en 1991. Beccaria (1996) sostiene que la crisis mexicana pone de manifiesto la fragilidad de la economía que dependía en gran parte de la entrada de capitales. A partir de esta crisis las nuevas condiciones del mercado internacional de capitales redujeron la oferta de créditos y elevaron las tasas de interés, con una consecuente caída en el nivel de actividad doméstica.
La desocupación y la subocupación, entre 1974 y 1996, llegaron a lo largo del período, a niveles históricamente desconocidos.
Si bien a lo largo de todo el período, las tasas de desocupación y subocupación crecen sostenidamente, se observa un crecimiento vertiginoso a partir de 1990, coincidiendo con los momentos previos a la implementación del Plan de Convertibilidad. Por lo tanto, y para ver cómo este plan impacta sobre el mercado de trabajo, vamos a dividir el período en estudio en dos grandes subperíodos: 1974-1990 y 1990-1996.
Para un mejor análisis, vamos a dividir el período 1990-1996 en dos etapas que coinciden con los dos grandes momentos del Plan de Convertibilidad. Durante el primero, 1990-1993, el plan logra sus mayores éxitos: se detiene la inflación, se recupera el poder adquisitivo de las salarios, hay un importante ingreso de capitales y se expande el consumo. A partir de 1993, que es el último año de crecimiento económico, se invierte la tendencia y la economía va a ingresar en un período de crisis profunda. Los movimientos que sufre el mercado laboral urbano, van a estar afectados por estas circunstancias.
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