Primer Congreso

Tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado

1. El ascenso del movimiento revolucionario del proletariado en todos los países ha hecho que la burguesía y sus agentes en las organizaciones obreras desplieguen denodados esfuerzos con el fin de encontrar argumentos ideológicos y políticos para defender el dominio de los explotadores. Entre estos argumentos se destacan en particular la condenación de la dictadura y la defensa de la democracia. La falsedad e hipocresía de este argumento, repetido de mil modos en la prensa capitalista y en la Conferencia de la Internacional amarilla celebrada en febrero de 1919 en Berna, son evidentes para todos los que no quieran traicionar las tesis fundamentales del socialismo.

 

2. Ante todo, este argumento opera con el concepto de «democracia en general» y «dictadura en general», sin ver de qué clase social se trata. Este planteamiento de la cuestión al margen o por encima de las clases, supuestamente popular, equivale ni más ni menos que a un escarnio de la doctrina fundamental del socialismo, esto es, de la doctrina de la lucha de clases, que reconocen de palabra pero olvidan en los hechos los socialistas que se han pasado al lado de la burguesía. Pues en ningún país capitalista civilizado existe la «democracia en general», sino que sólo existe una democracia burguesa, y no se trata de la «dictadura en general», sino de la dictadura de la clase oprimida, es decir, del proletariado sobre los opresores y explotadores, o sea sobre la burguesía, con el fin de vencer la resistencia que oponen los explotadores en la lucha por su dominación.

 

 

3. La historia enseña que ninguna clase oprimida ha implantado ni podido implantar jamás su dominación sin atravesar por un período de dictadura, es decir, de conquista del poder político y de represión violenta de la resistencia opuesta siempre por los explotadores, la más desesperada y furiosa, una resistencia que no reparaba en crímenes. La burguesía, cuyo dominio defienden ahora los socialistas que hablan contra «la dictadura en general» y enaltecen la «democracia en general», conquistó el poder en los países avanzados a costa de una serie de insurrecciones, guerras civiles y represión violenta contra los reyes, los feudales, los esclavistas, y contra sus tentativas de restauración. Los socialistas de todos los países, en sus libros y folletos, en las resoluciones de sus congresos y en sus discursos de agitación, han explicado millones de veces al pueblo el carácter de clase de estas revoluciones burguesas y de esta dictadura burguesa. Por eso, la actual defensa de la democracia burguesa en forma de discursos sobre la «democracia en general», y el actual vocerío y clamor contra la dictadura del proletariado en forma de gritos sobre la «dictadura en general», son una traición directa al socialismo, el paso efectivo al lado de la burguesía, la negación del derecho del proletariado a su revolución proletaria, la defensa del reformismo burgués precisamente en un momento histórico en que este reformismo ha fracasado en todo el mundo y en que la guerra ha creado una situación revolucionaria.

 

 

4. Todos los socialistas, al explicar el carácter de clase de la civilización burguesa, la democracia burguesa y el parlamentarismo burgués, expresaban la idea que habían formulado con la mayor exactitud científica Marx y Engels al decir que la república burguesa más democrática no es sino una máquina para la opresión de la clase obrera por la burguesía, para la opresión de las masas trabajadoras por un puñado de capitalistas. No hay un solo revolucionario, un solo marxista de los que hoy claman contra la dictadura y en favor de la democracia, que no jure y perjure ante los obreros que reconoce esta verdad fundamental del socialismo; y ahora, cuando el proletariado revolucionario atraviesa un estado de efervescencia y se pone en movimiento para destruir esta máquina de opresión y para conquistar la dictadura proletaria, estos traidores al socialismo presentan las cosas como si la burguesía donase a los trabajadores una «democracia pura», como si la burguesía renunciara a oponer resistencia y estuviera dispuesta a someterse a la mayoría de los trabajadores, como si no hubiese existido y no existiese ninguna máquina estatal para la opresión del trabajo por el capital en la república democrática.

 

 

5. La Comuna de París, que ensalzan de palabras todos los que quieren pasar por socialistas, pues saben que las masas obreras simpatizan fervorosa y sinceramente con ella, mostró con particular nitidez la convencionalidad histórica y el valor limitado del parlamentarismo burgués y de la democracia burguesa, instituciones altamente progresistas en comparación con la Edad Media, pero que requieren sin falta una transformación radical en la época de la revolución proletaria. Precisamente Marx, que fue quien mejor enjuició el significado histórico de la Comuna, al analizarla mostró el carácter explotador de la democracia burguesa y del parlamentarismo burgués, bajo los cuales las clases oprimidas obtienen el derecho a decidir una vez cada varios años qué miembros de la clase dominante «han de representar y aplastar» (ver-und-zertreten) al pueblo en el parlamento. Precisamente ahora, cuando el movimiento soviético, que se extiende a todo el mundo, continúa a la vista de todos la causa de la Comuna, los traidores al socialismo olvidan la experiencia concreta y las lecciones concretas de la Comuna de París, repitiendo las consabidas antiguallas burguesas sobre la «democracia en general». La Comuna no era una institución parlamentaria.

 

 

6. El significado de la Comuna consiste, además, en que realizó el intento de desbaratar y destruir hasta sus cimientos el aparato estatal burgués, el aparato burocrático, judicial, militar y policíaco, sustituyéndolo por una organización de masas de autogobierno de los obreros, que no conocía la división en poder legislativo y ejecutivo. Todas las repúblicas democrático-burguesas de nuestros días, incluida la alemana, a la que los traidores al socialismo denominan proletaria burlándose de la verdad, mantienen este aparato estatal. Así, pues, se confirma una vez más con toda claridad que los clamores en defensa de la «democracia en general» constituyen en los hechos la defensa de la burguesía y de sus privilegios de clase explotadora.

 

 

7. La «libertad de reunión» puede ser tomada como modelo de reivindicaciones de la «democracia pura». Todo obrero consciente que no haya roto con su clase comprenderá al punto que sería absurdo prometer libertad de reunión a los explotadores en un período y en una situación en que éstos se resisten a ser derrocados y defienden sus privilegios. La burguesía, cuando era revolucionaria, ni en la Inglaterra de 1649 ni en la Francia de 1793 concedió «libertad de reunión» a los monárquicos y a los nobles, que llamaban en su ayuda a tropas extranjeras y «se reunían» para organizar intentonas de restauración. Si la actual burguesía, que se ha hecho reaccionaria hace mucho, exige del proletariado que éste garantice de antemano la «libertad de reunión» a los explotadores, a pesar de la resistencia que ofrezcan los capitalistas a su expropiación, los obreros no harán sin reírse del fariseísmo de la burguesía.

 

 

Por otra parte, los obreros saben muy bien que la «libertad de reunión», incluso en la república burguesa más democrática, es una frase vacía, pues los ricos tienen a su disposición los mejores edificios públicos y privados, y suficiente tiempo libre para reuniones, protegidas por el aparato del poder burgués. Los proletarios de la ciudad y del campo, y los pequeños campesinos, es decir, la inmensa mayoría de la población, no tienen ni lo primero ni lo segundo ni lo tercero. Mientras las cosas están así, la «igualdad», esto es, la «democracia pura», es un engaño. A fin de conquistar la verdadera igualdad de hacer efectiva la democracia para los trabajadores, es preciso comenzar por desposeer a los explotadores de todos los edificios públicos y de todos los locales particulares de lujo, es preciso comenzar por conceder a los trabajadores horas de asueto, es preciso que protejan la libertad de sus reuniones de obreros armados, y no señoritos de la nobleza u oficiales capitalistas valiéndose de soldados oprimidos.

 

 

      Sólo después de este cambio se puede hablar de la libertad de reunión y de igualdad sin mofarse de los obreros, de los trabajadores, de los pobres. Pero sólo puede realizar este cambio la vanguardia de los trabajadores, el proletariado, derrotando a los explotadores, a la burguesía.

 

 

8. La «libertad de prensa» es igualmente una de las principales consignas de la «democracia pura». También en este sentido los obreros salen, y los socialistas de todos los países han reconocido millones de veces, que esta libertad es un engaño mientras las mejores imprentas y las mejores existencias de papel están acaparadas por los capitalistas, y mientras subsista el poder del capital sobre la prensa, poder que en todo el mundo es tanto más evidente, violento y cínico cuanto más desarrollados estén la democracia y el régimen republicano, como ocurre, por ejemplo, en Norteamérica. Al objeto de conquistar la igualdad efectiva y la verdadera democracia para los trabajadores, para los obreros y campesinos, es preciso comenzar por privar al capital de la posibilidad de alquilar escritores, de comprar editoriales y sobornar periódicos, mas para esto es necesario derrocar el yugo del capital, derrocar a los explotadores y vencer su resistencia. Los capitalistas han llamado siempre «libertad» a la libertad de los ricos para lucrar y a la libertad de los obreros para morirse de hambre. Los capitalistas denominan libertad de prensa a la libertad de soborno de la prensa por los ricos, a la libertad de utilizar riqueza para fabricar y falsear la llamada opinión pública. Los defensores de la «democracia pura» son una vez más, y en la práctica, defensores del más inmundo y venal sistema de dominio de los ricos sobre los medios de instrucción de las masas, no hacen sino engañar al pueblo, apartarlo con frases en apariencia plausibles y bellas, pero totalmente falsas, de la concreta tarea histórica de liberar a la prensa de su sujeción al capital. La verdadera libertad e igualdad sobrevendrán en el régimen que creen los comunistas, en el cual no existirá  la posibilidad de enriquecerse a costa de otros, no existirá la posibilidad objetiva de subordinar ni directa ni indirectamente la prensa al poder del dinero, no habrá obstáculos para que todo trabajador (o grupo de trabajadores, cualquiera sea su número) tenga y disfrute del mismo derecho a utilizar las imprentas y el papel, que pertenecerán a la sociedad.

 

 

9. La historia de los siglos XIX y XX nos mostró ya antes de la guerra qué es en la práctica la cacareada «democracia pura» bajo el capitalismo. Los marxistas han dicho siempre que cuanto más desarrollada y «pura» sea la democracia, tanto más abierta, ruda e implacable será la lucha de clases, tanto más «puras» serán la opresión del capital y la dictadura de la burguesía. El asunto Dreyfus en la Francia republicana, las sangrientas represiones de los destacamentos de mercenarios, armados por los capitalistas, contra los huelguistas en la libre y democrática república Norteamérica, estos miles y miles de otros hechos semejantes muestran la verdad que en vano trata de ocultar la burguesía: en las repúblicas más democráticas imperan en la práctica el terror y la dictadura de la burguesía, que se manifiestan abiertamente cada vez que los explotadores creen que se tambalea el poder del capital.

 

 

10. La guerra imperialista de 1914-1918 ha puesto al desnudo definitivamente, incluso ante los obreros atrasados, este verdadero carácter de la democracia burguesa, hasta en las repúblicas más libres, como dictadura de la burguesía. A causa del enriquecimiento de un grupo alemán o inglés de millonarios o multimillonarios, sucumbieron decenas de millones de hombres, y en las repúblicas más libres se implantó la dictadura militar de la burguesía. Esta dictadura militar continúa en los países de la Entente después de la derrota de Alemania. Precisamente la guerra es la que más ha abierto los ojos a los trabajadores, la que ha arrancado las falsas flores de la democracia burguesa, la que ha mostrado al pueblo el pozo sin fondo de la especulación y del lucro durante la guerra y con motivo de ella. En nombre de la «libertad e igualdad» se enriquecieron escandalosamente los negociantes de la guerra. Ningún esfuerzo de la Internacional amarilla de Berna podrá ocultar a las masas el carácter explotador, hoy totalmente desenmascarado, de la libertad, de la igualdad y de la democracia burguesas.

 

 

11. En Alemania, el país capitalista más desarrollado del continente europeo, los primeros meses de plena libertad republicana, traída por la derrota de la Alemania imperialista, han hecho ver a los obreros alemanes y a todo el mundo la verdadera naturaleza de clase de la república democrático-burguesa. El asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo es un hecho de alcance histórico mundial, no sólo porque han perecido trágicamente los mejores hombres y jefes de la verdadera Internacional proletaria, de la Internacional Comunista, sino porque se ha puesto definitivamente al desnudo la naturaleza de clase de un Estado europeo avanzado (se puede decir sin exagerar: de un Estado avanzado en escala mundial). Si unos detenidos, es decir, hombres tomados bajo la protección de los poderes públicos, pueden ser asesinados con toda impunidad por unos oficiales y por los capitalistas, bajo un gobierno de socialpatriotas, se deduce de ello que una república democrática en la que pueden ocurrir tales cosas es una dictadura de la burguesía. Quienes expresan su indignación con motivo del asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, pero sin comprender esta verdad, no hacen sino poner de manifiesto su cerrazón mental o su fariseísmo. La «libertad» en una de las repúblicas más libres y avanzadas del mundo, en la república alemana, es la libertad de asesinar impunemente a los líderes arrestados del proletariado. Y no puede ser de otro modo mientras subsista el capitalismo, pues el desarrollo de la democracia no atenúa, sino que agudiza la lucha de clases, que, en virtud de todos los resultados y de todas las influencias de la guerra y de sus consecuencias, ha llegado a su punto de ebullición.

 

 

En todo el mundo civilizado se procede ahora a desterrar a los bolcheviques, a perseguirlos, a encarcelarlos, como por ejemplo en Suiza, una de las repúblicas burguesas más libres, a organizar pogroms contra los bolcheviques en Norteamérica, etc. Desde el punto de vista de la «democracia en general» o de la «democracia pura» es sencillamente ridículo que países avanzados, civilizados, democráticos, armados hasta los dientes, teman la presencia de varias decenas de personas de la Rusia atrasada, hambrienta y arruinada, a la que en decenas de millones de ejemplares de periódicos burgueses se califica de salvaje, criminal, etc. Es claro que una situación social que ha podido originar una contradicción tan patente, no es en la práctica sino una dictadura de la burguesía.

 

 

12. Ante tal estado de cosas, la dictadura del proletariado no sólo es plenamente legítima como medio de derrocar a los explotadores y de vencer su resistencia, sino que es en absoluto necesaria para toda la masa trabajadora como única defensa contra la dictadura de la burguesía, que ha llevado a la guerra y prepara nuevas guerras.

 

 

Lo que principalmente no comprenden los socialistas y lo que indica su miopía teórica su sujeción a los prejuicios burgueses y su traición política al proletariado es que en la sociedad capitalista, en cuanto se agrava en alguna medida la lucha de clases que palpita en su seno, no puede haber término medio entre la dictadura de la burguesía y la del proletariado. Toda ilusión en cuanto a un tercer camino no es sino un suspiro reaccionario de pequeños burgueses. Así lo atestigua la experiencia de más, de un siglo de desarrollo de la democracia burguesa y del movimiento obrero en todos los países avanzados, y, en particular, la experiencia del último lustro. Así lo indica también toda la ciencia de la economía política, todo el contenido del marxismo, que explica la inevitabilidad económica de la dictadura de la burguesía bajo toda economía mercantil, dictadura que sólo puede reemplazar la clase desarrollada, multiplicada, cohesionada y reforzada por el propio desarrollo del capitalismo, es decir, la clase proletaria.

 

 

13. Otro error teórico y político de los socialistas consiste en no comprender que las formas de la democracia han ido cambiando inevitablemente a lo largo de milenios, comenzando por los embriones de la misma antigüedad, a medida que una clase dominante era sustituida por otra. En las antiguas repúblicas de Grecia, en las ciudades medievales y en los países capitalistas avanzados, la democracia reviste formas distintas y distinto grado de aplicación. Sería la mayor torpeza pensar que la revolución más profunda de la historia de la humanidad, el primer caso que se registra en el mundo de paso del poder de la minoría de explotadores a la mayoría de los explotados, puede sobrevenir dentro del viejo marco de la vieja democracia parlamentaria burguesa, puede sobrevenir sin introducir los cambios más radicales, sin crear nuevas formas de democracia, nuevas instituciones que encarnen las nuevas condiciones de su aplicación, etc.

 

 

14. La dictadura del proletariado se parece a la dictadura de las demás clases porque ha sido suscitada por la necesidad, como le ocurre a toda dictadura, de aplastar con la violencia la resistencia de la clase que pierde el dominio político. La diferencia radical entre la dictadura del proletariado y la de otras clases - la dictadura de los terratenientes en la Edad Media y la de la burguesía en todos los países capitalistas civilizados - consiste en que la dictadura de los terratenientes y de la burguesía era la represión violenta de la resistencia de la inmensa mayoría de la población, esto es, de los trabajadores. Por el contrario, la dictadura del proletariado es la represión violenta de la resistencia de los explotadores, es decir, de una insignificante minoría de la población de los terratenientes y capitalistas.

 

 

      De aquí se desprende, a su vez, que la dictadura del proletariado debe acarrear inevitablemente, no sólo el cambio de las formas e instituciones de la democracia, hablando en términos generales, sino un cambio que traiga consigo una ampliación inusitada de la utilización efectiva del democratismo por parte de los oprimidos por el capitalismo, por parte de las clases trabajadoras.

 

 

      En efecto, la forma de la dictadura del proletariado lograda ya en la práctica, es decir, el poder soviético en Rusia, el Räte-System en Alemania, los Shop Stewards Comittees y organismos análogos en otros países, todas estas instituciones significan y hacen efectivas precisamente para las clases trabajadoras, es decir, para la inmensa mayoría de la población, una posibilidad real de utilizar los derechos y libertades democráticos, que jamás existió con anterioridad, ni siquiera aproximadamente, en las mejores repúblicas democráticas burguesas.

 

 

      La esencia del poder soviético consiste en que la base permanente y única de todo el poder y de todo el aparato del Estado es la organización de masas de las clases que estaban oprimidas por el capitalismo, es decir, de los obreros y semiproletarios (de los campesinos que no explotan trabajo ajeno y recurren continuamente a la venta de una parte, al menos, de su trabajo). Ahora son incorporadas precisamente a la participación permanente e indefectible, y además decisiva, en la dirección democrática del Estado, las masas que incluso en las repúblicas burguesas más democráticas, siendo iguales ante la ley, eran desplazadas en la práctica por miles de procedimientos y subterfugios de la intervención en la vida política y del disfrute de los derechos y libertades democráticos.

 

 

15. El poder soviético o dictadura del proletariado hace efectiva inmediatamente y por completo la igualdad de los ciudadanos, sin distinción de sexo, religión, raza y nacionalidad, que la democracia burguesa prometió siempre y en todas partes, pero que no realizó en ningún sitio ni podía realizar debido al dominio del capitalismo. El poder soviético hace efectiva esa igualdad, pues sólo puede realizarla el poder de los obreros, que no están interesados en la propiedad privada de los medios de producción y en la lucha por su reparto.

 

 

16. La vieja democracia y el viejo parlamentarismo, es decir, la democracia y el parlamentarismo burgueses, estaban organizados de tal modo, que precisamente las masas trabajadoras eran las que más desplazadas se hallaban del aparato del gobierno. Por el contrario, el poder soviético, es decir, la dictadura del proletariado, está estructurado de tal forma, que acerca a las masas trabajadoras al aparato del gobierno. Esta misma finalidad cumplen la unión del poder legislativo y ejecutivo en la organización soviética del Estado, y la sustitución de las circunscripciones electorales territoriales por las unidades de producción, como son las fábricas y demás empresas.

 

 

17. El ejército no sólo era un aparato de opresión bajo la monarquía. Sigue siéndolo en todas las repúblicas burguesas, incluso en las más democráticas. Sólo el poder soviético, como organización estatal permanente de las clases oprimidas por el capitalismo está en condiciones de acabar con la supeditación del ejército al mando burgués y de fusionar realmente al proletariado con el ejército, de llegar realmente al armamento del proletariado y al desarme de la burguesía, sin lo cual es imposible la victoria del socialismo.

 

 

18. La organización soviética del Estado está adaptada al papel dirigente del proletariado, la clase más concentrada e instruida por el capitalismo. La experiencia de todas las revoluciones y de todos los movimientos de las clases oprimidas, la experiencia del movimiento socialista mundial, nos enseña que sólo el proletariado está en condiciones de unir y llevar tras de sí a las capas dispersas y atrasadas de la población trabajadora y explotada.

 

 

19. Sólo la organización soviética del Estado puede destruir realmente de golpe y acabar para siempre con el viejo aparato burocrático judicial, es decir, con el aparato burgués, que se ha mantenido y tiene que mantenerse de modo inevitable bajo el capitalismo, incluso en las repúblicas más democráticas, siendo en la práctica lo que más obstaculiza la aplicación de la democracia para los obreros y los trabajadores en general. La comuna de París dio el primer paso de alcance histórico universal por este camino: el poder soviético ha dado el segundo.

 

 

20. La destrucción del poder estatal es el objetivo que se han propuesto todos los socialistas, con Marx a la cabeza. Si no se logra este objetivo no puede realizarse el verdadero democratismo, es decir, la igualdad y la libertad. A este objetivo conduce en la práctica únicamente la democracia soviética o proletaria, pues al atraer a la participación permanente e ineludible en la dirección del Estado a las organizaciones de masas de los trabajadores, comienza enseguida a preparar la plena extinción de todo Estado.

 

 

21. La plena bancarrota de los socialistas reunidos en Berna y su total incomprensión de la nueva democracia, es decir, de la democracia proletaria, se ve en particular por lo siguiente. El 10 de febrero de 1919 Branting clausuró en Berna la Conferencia de la Internacional amarilla. Al día siguiente, en Berlín, en el periódico Die Freiheit, redactado por elementos que participaron en dicha conferencia, se publicó el manifiesto del partido de los «independientes» al proletariado. En este manifiesto se reconoce el carácter burgués del gobierno Scheidermann, se le reprocha el deseo de disolver los soviets, que se llaman Träger und Schutzer der Revolution - portadores y custodios de la revolución- y se hace la propuesta de legalizarlos, de conferirles atribuciones de carácter estatal y de concederles el derecho de suspender las decisiones de la Asamblea Nacional y de someter los asuntos a plebiscito popular.

 

 

Semejante propuesta equivale a la plena bancarrota ideológica de los teóricos que han defendido la democracia y no han comprendido su carácter burgués. El ridículo intento de cohonestar el sistema de los soviets, es decir, la dictadura del proletariado con la Asamblea Nacional, es decir, con la dictadura de la burguesía, desenmascara por completo la indigencia mental de los socialistas y socialdemócratas amarillos, su reaccionarismo político de pequeños burgueses y sus cobardes concesiones a la fuerza de la nueva democracia, de la democracia proletaria que crece, incontenible.

 

 

22. Al condenar el bolchevismo, la mayoría de la Internacional amarilla de Berna, que no se decidió a votar formalmente la correspondiente resolución por miedo a las masas obreras, ha procedido con corrección desde el punto de vista de clase. Esta mayoría se ha solidarizado por completo con los mencheviques y socialistas revolucionarios rusos, y con los Scheidemann de Alemania. Los mencheviques y socialistas revolucionarios rusos, al quejarse de las persecuciones de que son objeto por parte de los bolcheviques, intentan ocultar el hecho de que estas persecuciones han sido provocadas por la participación de los mencheviques y socialistas revolucionarios, en la guerra civil al lado de la burguesía contra el proletariado. De igual manera, los Scheidemann y su partido han demostrado ya en Alemania su participación en la guerra civil al lado de la burguesía, contra los obreros.

 

 

      Es del todo natural, por lo mismo, que la mayoría de los miembros de la Internacional amarilla de Berna hayan condenado a los bolcheviques. En esto se ha expresado, no la defensa de la «democracia pura», sino la autodefensa de gente que sabe y comprende que en la guerra civil están al lado de la burguesía contra el proletariado.

 

 

      He aquí por qué, desde el punto de vista de clase, no se puede dejar de reconocer como correcta la decisión de la mayoría de la Internacional amarilla. El proletariado, lejos de temer a la verdad, debe mirarla a la cara y sacar las pertinentes conclusiones políticas.

 

 

      Sobre la base de estas tesis, y en consideración a los informes de los delegados de los diferentes países, el Congreso de la Internacional Comunista declara que la tarea principal de los partidos comunistas, en las distintas regiones donde el poder de los soviets aún no se ha constituido, consiste en lo siguiente:

 

 

1º Esclarecer lo más ampliamente a las masas de la clase obrera sobre la significación histórica de la necesidad política y práctica de una nueva democracia proletaria, que debe ocupar el lugar de la democracia burguesa y del parlamentarismo;

 

 

2º Difundir y organizar a los soviets en todos los dominios de la industria, en el ejército, en la flota, entre los obreros agrícolas y los campesinos pobres.

 

 

3º Conquistar, en el interior de los soviets, una mayoría comunista sólida y consciente.

(...)

 

Plataforma de la Internacional Comunista

      Las contradicciones del sistema mundial, antes ocultas en su seno, se revelaron, con una fuerza inusitada en una formidable explosión: la gran guerra imperialista mundial.

 

 

      El capitalismo intentó superar su propia anarquía mediante la organización de la producción. En lugar de las numerosas empresas competitivas, se organizaron grandes empresas capitalistas (sindicatos, carteles, trusts), el capital bancario se unió al capital industrial, toda la vida económica cayó bajo el poder de una oligarquía capitalista que, mediante una organización basada en ese poder, adquirió un dominio exclusivo. El monopolio suplanta a la libre competencia. El capitalismo aislado se transforma en miembro de una asociación capitalista. La organización reemplaza a la anarquía insensata.

 

 

      Pero en la misma medida en que, en Estados Unidos considerado separadamente, los procedimientos anárquicos de la producción capitalista eran reemplazados por la organización capitalista, las contradicciones, la competencia, la anarquía alcanzaban en la economía mundial una mayor acuidad. La lucha entre los mayores estados conquistadores conducía inflexiblemente a la monstruosa guerra imperialista. La sed de beneficios impulsaba al capitalismo mundial a la lucha por la conquista de nuevos mercados, de nuevas fuentes de materia bruta, de mano de obra barata de los esclavos coloniales. Los Estados imperialistas que se repartieron todo el mundo, que transformaron a millones de proletarios y de campesinos de África, Asia, América, Australia en bestias de carga, debían poner en evidencia tarde o temprano en un gigantesco conflicto la naturaleza anárquica del capital. Así se produjo el más grande de los crímenes: la guerra del bandolerismo mundial.

 

 

      El capitalismo intentó superar las contradicciones de su estructura social. La sociedad burguesa es una sociedad de clases. Pero el capital de los grandes Estados «civilizados» se esforzó por ahogar las contradicciones sociales. A expensas de los pueblos coloniales a los que destruía, el capital compraba a sus esclavos asalariados, creando una comunidad de intereses entre los explotadores y los explotados, comunidad de intereses dirigida contra las colonias oprimidas y los pueblos coloniales amarillos, negros o rojos. Encadenaba al obrero europeo o americano a la «patria» imperialista.

 

 

      Pero este mismo método de continua corrupción, originado por el patriotismo de la clase obrera y su sujeción moral, produjo, gracias a la guerra, su propia antítesis. El exterminio, la sujeción total del proletariado, un monstruoso yugo, el empobrecimiento, la degeneración, el hambre en el mundo entero, ese fue el último precio de la paz social. Y esta paz fracasó. La guerra imperialista se transformó en guerra civil.

 

 

      Una nueva época surge. Época de disgregación del capitalismo, de su hundimiento interior. Época de la revolución comunista del proletariado.

 

 

      El sistema imperialista se desploma. Problemas en las colonias, agitación en las pequeñas naciones hasta el momento privadas de independencia, rebeliones del proletariado, revoluciones proletarias victoriosas en varios países, descomposición de los ejércitos imperialistas, incapacidad absoluta de las clases dirigentes de orientar en lo sucesivo los destinos de los pueblos ese es el cuadro de la situación actual en el mundo entero.

 

 

      La Humanidad, cuya cultura ha sido devastada totalmente, está amenazada de destrucción. Sólo hay una fuerza capaz de salvarla y esa fuerza es el proletariado. El antiguo «orden» capitalista no existe más. No puede existir. El resultado final de los procedimientos capitalistas de producción es el caos, y ese caos sólo puede ser vencido por la mayor clase productora, la clase obrera. Ella es la que debe instituir el orden verdadero, el orden comunista. Debe quebrar la dominación del capital, imposibilitar las guerras, borrar las fronteras entre los Estados, transformar el mundo en una vasta comunidad que trabaje para sí misma, realizar los principios de solidaridad fraternal y la liberación de los pueblos.

 

 

      Mientras, el capital mundial se prepara para un último combate contra el proletariado. Bajo la cobertura de la Liga de las Naciones y de la charlatanería pacifista, hace sus últimos esfuerzos por reajustar las partes dispersas del sistema capitalista y dirigir sus fuerzas contra la revolución proletaria irresistiblemente desencadenada.

 

 

      A este inmenso complot de las clases capitalistas, el proletariado debe responder con la conquista del poder político, volver ese poder contra sus propios enemigos, servirse de él como palanca para la transformación económica de la sociedad. La victoria definitiva del proletariado mundial marcará el comienzo de la historia de la humanidad liberada.

 

 

La conquista del poder político

      La conquista del poder político por parte del proletariado significa el aniquila-miento del poder político de la burguesía. El aparato gubernamental con su ejército capitalista, ubicado bajo el mando de un cuerpo de oficiales burgueses y de junkers, con su policía y su gendarmería, sus carceleros y sus jueces, sus sacerdotes, sus funcionarios, etc., constituye en manos de la burguesía el más poderoso instrumento de gobierno. La conquista del poder gubernamental no puede reducirse a un cambio de personas en la constitución de los ministerios sino que debe significar el aniquilamiento de un aparato estatal extranjero, la apropiación de la fuerza real, el desarme de la burguesía, del cuerpo de oficiales contrarrevolucionarios, de los guardias blancos, el armamento del proletariado, de los soldados revolucionarios y de la guardia roja obrera, la destitución de todos los jueces burgueses y la organización de los tribunales proletarios, la destrucción del funcionarismo reaccionario y la creación de nuevos órganos de administración proletarios. La victoria proletaria es asegurada por la desorganización del poder enemigo y la organización del poder proletario. Debe significar la ruina del aparato estatal burgués y la creación del aparato estatal proletario. Sólo luego de la victoria total, cuando el proletariado haya roto definitivamente la resistencia de la burguesía, podrá obligar a sus antiguos adversarios a servirlo últimamente, orientándolos progresivamente bajo su control, hacia la obra de construcción comunista.

Democracia y dictadura

      Como todo Estado, el Estado proletario representa un aparato de coerción y este aparato está ahora dirigido contra los enemigos de la clase obrera. Su misión consiste en quebrar e imposibilitar la resistencia de los explotadores, empleando en su lucha desesperada todos los medios para ahogar en sangre la revolución. Por otra parte, la dictadura del proletariado, al hacer oficialmente de esta clase la clase gobernante, crea una situación transitoria.

 

 

      En la medida en que se logre quebrar la resistencia de la burguesía, ésta será expropiada y se transformará en una masa trabajadora; la dictadura del proletariado desaparecerá, el Estado fenecerá y las clases sociales desaparecerán junto con él.

 

 

La llamada democracia, es decir la democracia burguesa, no es otra cosa que la dictadura burguesa disfrazada. La tan mentada «voluntad popular» es una ficción, al igual que la unidad del pueblo. En realidad, existen clases cuyos intereses contrarios son irreductibles. Y como la burguesía sólo es una minoría insignificante, utiliza esta ficción, esta pretendida «voluntad popular», con el fin de consolidar, en medio de bellas frases, su dominación sobre la clase obrera para imponerle la voluntad de su clase. Por el contrario, el proletariado, que constituye la gran mayoría de la población, utiliza abiertamente la fuerza de sus organizaciones de masas, de sus soviets, para aniquilar los privilegios de la burguesía y asegurar la transición hacia una sociedad comunista sin clases.

 

 

      La esencia de la democracia burguesa reside en un reconocimiento puramente formal de los derechos y de las libertades, precisamente inaccesibles al proletariado y a los elementos semiproletarios, a causa de la carencia de recursos materiales, mientras que la burguesía tiene todas las posibilidades de sacar partido de sus recursos materiales, de su prensa y de su organización, para engañar al pueblo. Por el contrario, la esencia del sistema de los Soviets - de este nuevo tipo de poder gubernamental - consiste en que el proletariado obtiene la posibilidad de asegurar de hecho sus derechos y su libertad. El poder del Soviet entrega al pueblo los más hermosos palacios, las casas, las tipografías, las reservas de papel, etc., para su prensa, sus reuniones, sus sindicatos. Sólo entonces es posible establecer la verdadera democracia proletaria.

 

 

      Con su sistema parlamentario, la democracia burguesa sólo da el poder de la palabra a las masas, y sus organizaciones están totalmente aisladas del poder real y de la verdadera administración del país. En el sistema de los Soviets, las organizaciones de las masas gobiernan y por medio de ellas gobiernan las propias masas, ya que los Soviets llaman a formar parte de la administración del Estado a un número cada vez mayor de obreros; y de esta forma todo el pueblo obrero poco a poco participa efectivamente en el gobierno del Estado. El sistema de los Soviets se apoya de este modo en todas las organizaciones de masas proletarias, representadas por los propios Soviets, las uniones profesionales revolucionarias, las cooperativas, etcétera.

 

 

      La democracia burguesa y el parlamentarismo, por medio de la división de los poderes legislativos y ejecutivo y la ausencia del derecho de revocación de los diputados, termina por separar a las masas del Estado. Por el contrario, el sistema de los Soviets, mediante el derecho de revocación, la reunión de los poderes legislativo y ejecutivo y, consecuentemente, mediante la aptitud de los Soviets para constituir colectividades de trabajo, vincula a las masas con los órganos de las administraciones. Ese vínculo es también consolidado por el hecho de que, en el sistema de los Soviets, las elecciones no se realizan de acuerdo con las subdivisiones territoriales artificiales sino que coinciden con las unidades locales de la producción.

 

 

      El sistema de los Soviets asegura de tal modo la posibilidad de una verdadera democracia proletaria, democracia para el proletariado y en el proletariado, dirigida contra la burguesía. En ese sistema, se asegura una situación predominante al proletariado industrial, al que pertenece, debido a su mejor organización y su mayor desarrollo político, el papel de clase dirigente, cuya hegemonía permitirá al semiproletariado y a los campesinos pobres elevarse progresivamente. Esas superioridades momentáneas del proletariado industrial deben ser utilizadas para arrancar a las masas pobres de la pequeña burguesía campesina de la influencia de los grandes terratenientes y de la burguesía, para organizarlas y llamarlas a colaborar en la construcción comunista.

 

 

La expropiación de la burguesía y la socialización 
de los medios de producción

      La descomposición del sistema capitalista y de la disciplina capitalista del trabajo tornan imposible - dadas las relaciones entre las clases - la reconstrucción de la producción sobre las antiguas bases. La lucha de los obreros por el aumento de los salarios, aun en el caso de tener éxito, no implica el mejoramiento esperado de  las condiciones de existencia, pues el aumento de los precios de los productos invalida inevitablemente ese éxito. La enérgica lucha de los obreros por aumento de salarios en los países cuya situación es evidentemente sin salida, imposibilitan los progresos de la producción capitalista debido al carácter impetuoso y apasionado de esta lucha y su tendencia a la generalización. El mejoramiento de la condición de los obreros sólo podrá alcanzarse cuando el propio proletariado se apodere de la producción. Para elevar las fuerzas productoras de la economía, para quebrar lo más rápidamente posible la resistencia de la burguesía, que prolonga la agonía de la vieja sociedad creando por ello mismo el peligro de una ruina completa de la vida económica, la dictadura proletaria debe realizar la expropiación de la alta burguesía y de la nobleza y hacer de los medios de producción y de transporte la propiedad colectiva del Estado proletario.

 

 

      El comunismo surge ahora de los escombros de la sociedad capitalista; la historia no dejará otra salida a la humanidad. Los oportunistas, en su deseo de retrasar la socialización por su utópica reivindicación del restablecimiento de la economía capitalista, no hacen sino aplazar la solución de la crisis y crear la amenaza de una ruina total, mientras que la revolución comunista aparece para la verdadera fuerza productora de la sociedad, es decir para el proletariado, y con él para toda la sociedad, como el mejor y más seguro medio de salvación.

 

 

      La dictadura proletaria no significa ningún reparto de los medios de producción y de transporte. Por el contrario, su tarea es realizar una mayor centralización de los medios y la dirección de toda la producción de acuerdo con un plan único.

 

 

      El primer paso hacia la socialización de toda la economía implica necesariamente las siguientes medidas: socialización de los grandes bancos que dirigen ahora la producción; posesión por parte del poder proletario de todos los órganos del Estado capitalista que rigen la vida económica; posesión de todas las empresas comunales; socialización de las ramas de la industria que actúan sindicadas o como trusts; igualmente, socialización de las ramas de la industria cuyo grado de concentración hace técnicamente posible la socialización; socialización de las propiedades agrícolas y su transformación en empresas agrícolas dirigidas por la sociedad.

 

      En cuanto a las empresas de menor importancia, el proletariado debe, teniendo en cuenta su grado de desarrollo, socializarlas poco a poco.

 

 

      Es importante señalar aquí que la pequeña propiedad no debe ser expropiada y que los pequeños propietarios que no explotan el trabajo de otros no deben sufrir ningún tipo de violencia. Esta clase será poco a poco atraída a la esfera de la organización social, mediante el ejemplo y la práctica que demostrarán la superioridad de la nueva estructura social que libera a la clase de los pequeños campesinos y la pequeña burguesía del yugo de los grandes  capitalistas, de toda la nobleza, de los impuestos excesivos (principalmente como consecuencia de la anulación de las deudas del Estado, etc.).

 

 

      La tarea de la dictadura proletaria en el campo económico sólo es realizable en la medida en que el proletariado sepa crear órganos de dirección de la producción, centralizada y realizar la gestión por medio de los propios obreros. Con este objeto, se verá obligado a sacar partido de aquellas organizaciones de masas que estén vinculadas más estrechamente con el proceso de producción.

 

 

      En el dominio del reparto, la dictadura proletaria debe realizar el reemplazo del comercio por un justo reparto de los productos. Entre las medidas indispensables para alcanzar este objetivo señalamos: la socialización de las grandes empresas comerciales, la transmisión al proletariado de todos los organismos de reparto del Estado y de las municipalidades burguesas; el control de las grandes uniones cooperativas cuyo aparato organizativo tendrá todavía durante el período de transición una importancia económica considerable, la centralización progresiva de todos esos organismos y su transformación en un todo único para el reparto nacional de los productos.

 

 

      Del mismo modo que en el campo de la producción, en el del reparto es importante utilizar a todos los técnicos y especialistas calificados, tan pronto como su resistencia en el orden de lo político haya sido rota y estén en condiciones de servir, en lugar de al capital, al nuevo sistema de producción.

 

 

 

      El proletariado no tiene intención de oprimirlos. Por el contrario, sólo él les dará la posibilidad de desarrollar la actividad creadora más potente. La dictadura proletaria reemplazará a la división del trabajo físico e intelectual, propio del capitalismo; mediante la unión del trabajo y la ciencia.

 

 

      Simultáneamente con la expropiación de las fábricas, las minas, las propiedades, etc., el proletariado debe poner fin a la explotación de la población por parte de los capitalistas propietarios de inmuebles, pasar las grandes construcciones a los soviets obreros locales, instalar a la población obrera en las residencias burguesas, etc.

 

 

      En el transcurso de esta gran transformación, el poder de los Soviets debe por una parte, constituir un enorme aparato de gobierno cada vez más centralizado en su forma y además, debe convocar a un trabajo de dirección inmediata a sectores cada vez más vastos del pueblo trabajador.

 

 

El camino de la victoria

 

 

      El período revolucionario exige que el proletariado ponga en práctica un método de lucha que concentre toda su energía, es decir la acción directa de las masas, incluyendo todas sus consecuencias lógicas: el choque directo y la guerra declarada contra la maquinaria gubernamental burguesa. A este objetivo deben ser subordinados todos los demás medios, tales como por ejemplo, la utilización revolucionaria del parlamentarismo burgués.

 

 

      Las condiciones preliminares indispensables para esta lucha victoriosa son: la ruptura no solamente con los lacayos directos del capital y los verdugos de la revolución comunista - cuyo papel asumen actualmente los socialdemócratas de derecha- sino también la ruptura con el «Centro» (grupo Kautsky) que, en un momento crítico, abandona al proletariado y se une a sus enemigos declarados.

 

 

      Por otra parte, es necesario realizar un bloque con aquellos elementos del movimiento obrero revolucionario que, aunque no hayan pertenecido antes al partido socialista, se ubican ahora totalmente en el terreno de la dictadura proletaria bajo su forma sovietista, es decir con los elementos correspondientes del sindicalismo.

 

 

      El crecimiento del movimiento revolucionario en todos los países, el peligro para esta revolución de ser ahogada por la liga de los estados burgueses, las tentativas de unión de los partidos traidores al socialismo (formación de la Internacional amarilla en Berna) con el objetivo de servir bajamente a la Liga de Wilson, y finalmente la necesidad absoluta para el proletariado de coordinar sus esfuerzos, todo esto nos conduce inevitablemente a la creación de la Internacional Comunista, verdaderamente revolucionaria y verdaderamente proletaria.

 

 

      La Internacional que se revele capaz de subordinar los intereses llamados nacionales a los intereses de la revolución mundial logrará así la cooperación de los proletarios de los diferentes países, mientras que sin esta ayuda económica mutua, el proletariado no estará en condiciones de construir una nueva sociedad. Por otra parte, en oposición a la Internacional Socialista amarilla, la Internacional Proletaria y Comunista sostendrá a los pueblos explotados de las colonias en su lucha contra el imperialismo, con el propósito de acelerar la caída final del sistema imperialista mundial.

 

 

      Los malhechores del capitalismo afirmaban al comienzo de la guerra mundial que no hacían sino defender su patria. Pero el imperialismo alemán reveló su naturaleza bestial a través de una serie de sangrientos crímenes cometidos en Rusia, Ucrania, Finlandia. Y ahora se revelan a su vez, aun a los ojos de los sectores más atrasados de la población, las potencias de la Entente que saquean al mundo entero y asesinan al proletariado. De acuerdo con la burguesía alemana y los socialpatriotas, con la palabra de paz en los labios, se esfuerzan por aplastar, con ayuda de tanques y tropas coloniales ignorantes y bárbaras, la revolución del proletariado europeo. El terror blanco de los burgueses caníbales ha sido indescriptiblemente feroz. Las víctimas en las filas de la clase obrera son innumerables. La clase obrera ha perdido a sus mejores campeones: Liebknecht, Rosa Luxemburgo.

 

 

      El proletariado debe defenderse por todos los medios. La Internacional Comunista convoca al proletariado mundial a esta lucha decisiva. ¡Arma contra arma! ¡Fuerza contra fuerza! ¡Abajo la conspiración imperialista del capital! ¡Viva la República internacional de los Soviets proletarios!.

 

 

(...)

 

Introducción

Segundo Congreso

Cuarto Congreso

 


This page hosted by Get your own Free Homepage

 

1